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Presa

Los campos estaban comenzando a secarse ante las altas temperaturas y la falta de lluvias, por lo que los agricultores empezaban a sentir preocupación. Se reunieron y discutieron sobre la presa que se ubicaba en la gran explanada de lo alto de la montaña, sobre la que se apoyaban los cultivos. Y es que, pese a no haber sido utilizada de forma abusiva, parecía no proveer el agua suficiente para mantener las cosechas.

Decidieron reunirse con sus gestores y subir para comprobar la cantidad de agua que poseía, por lo que eligieron a un representante que ascendería hasta ella. Cuando llegó observó algo desconcertante. La presa tenía muy poca agua, pero el otro lado de la montaña estaba completamente verde.

Visita a lo alto de la montaña

Desde lo alto se veía un grandísimo número de mercados donde se había estado vendiendo la fruta que ellos habían estado produciendo en época de bonanza, así como las viviendas de sus dueños y una ciudad incipiente. Enfadado, el representante se dirigió a las oficinas de la presa para la reunión que había sido concertada.

  • Explíqueme cómo es posible que con tanta lluvia como ha caído durante los últimos tiempos… ahora, en sequía, no tengamos agua para que nuestras plantas crezcan. Hemos hecho un uso racional para poder disponer de ella ¿qué han hecho ustedes?
  • Deben comprender que los gestores tenemos que utilizar los recursos para satisfacer la demanda y que al otro lado de la montaña ha aumentado la población y el número de mercados. Esta población consume recursos durante todo el año, sobre todo ahora. Si bien en épocas de lluvias ustedes han podido prescindir de la presa al utilizar sus estanques, ellos han tenido que seguir utilizando la que nosotros depositábamos, por lo que ahora las reservas son escasas.
  • A ver si lo entiendo… ¿me está diciendo que los agricultores no tenemos agua por los mercados que venden nuestra fruta?
  • Bueno, entienda que nosotros no…
  • ¿Pero alguien se ha dado cuenta que si no cultivamos, no habrá fruta para vender?
  • Eso debería hablarlo con los del otro lado de la montaña… nosotros no podemos retirar el suministro ya que ambas partes contribuyen con sus cuotas.

Visita a los mercados

El representante bajó la montaña por la otra vertiente y su enfado aumentó según veía jardines verdes, un parque, un campo de golf… y un gran número de mercados repletos de compradores. En los estantes se veía poca fruta y los precios habían subido de forma notable, aunque ellos seguían cobrando lo mismo. Por eso, cuando se encontró con uno de los mercaderes ya se encontraba algo enfadado.

  • Debéis moderar el consumo de agua o no podremos producir.
  • No nos estará culpando de la sequía ¿verdad?
  • Claro que no, pero la presa tiene poca agua y nuestros campos la necesitan.
  • Nosotros también estamos pagando por el agua y la necesitamos para el consumo, para limpiar la fruta, para que funcionen los molinos que transforman el alimento, etc… lo que nos pide es muy poco solidario e involucra a demasiadas personas. Imagínese, a todas las familias que viven y trabajan en la zona.
  • ¡Si no plantamos, no podréis vender ni transformar nada! ¿de qué vivirá la zona?
  • ¿Me está diciendo que no podrán producir lo suficiente?
  • Sin agua no, por supuesto.
  • ¿Por qué no compran cubas de agua o depósitos? Nosotros lo estamos empezando a hacer.
  • No tenemos dinero para ello. Necesitamos buena cosecha para poder hacer tal cosa y aún así, resulta un recurso demasiado caro.
  • Mal lo veo, amigo. La demanda está aumentando y ustedes no parecen estar siendo eficientes.

Su interlocutor se marchó sin más, causando una gran frustración pues ni la presa ni los mercados proponían soluciones realistas que favorecieran el cultivo. Al regresar a las tierras secas pertenecientes a los agricultores, se reunieron para debatir sobre la situación.

Probaron a pedir dinero adelantado a los mercados, pero estos no se fiaban de su capacidad para producir y se negaron. Fueron a la presa, pero estos volvieron a limpiarse las manos, asegurando que debían ser justos con todas las partes por igual.

El hecho fue que con tan poca agua, las plantas siguieron muriendo y no pudieron producir lo suficiente para pagar las cuotas de la presa, que habían aumentado, y mucho menos para adquirir depósitos cargados de agua. Esto hizo que los agricultores se marcharan, dejando tras de sí las grietas de un terreno yermo.

Antes de unirse a la procesión, el representante decidió volver a subir a la montaña. Desde allí observó que la presa estaba completamente seca y la tierra cuarteada, pero quedó atónito al ver cómo llegaban desde la distancia una infinidad de camiones cargados con fruta para venderla en los mercados a bajo precio, junto a otros que traían grandes depósitos de agua desalada.

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Imagen | Germán R. Udiz

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