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En los servicios también es posible ofrecer distintas calidades

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No sólo podremos comprar yogures de mayor o menor calidad, no sólo podemos comprarnos coches, móviles, ropa (o cualquier otro bien) de gama o segmento alto, medio o bajo, también podemos adquirir, y en consecuencia prestar, servicios de distinta categoría, servicios de distintas calidades.

Obviamente lo dicho anteriormente es lógico cuando se trata de servicios por ejemplo donde entran componentes técnicos en la prestación (calidad de los servicios de hosting prestada, etc.), pero es mucho más intangible, cuando por ejemplo ofrecemos asesoramiento legal, consultoría de empresas, contenidos, o cualquier otro servicio en el que sólo entre nuestra cabeza y la forma en como prestamos el servicio.

Muchos dirán que por ejemplo se puede prestar un servicio cuando se ofrece por ejemplo la posibilidad de redactar un contrato, un informe, un artículo o dar una respuesta legal. Dirán que obviamente si la pregunta es una y sabemos la respuesta, que paguen lo que nos paguen, daremos la misma respuesta, no es así.

Y no es así, porque debemos establecer una política de precios clara en nuestro servicio, y en base a ella dar una profundidad en el servicio según la categoría por la que nos contratan. Es decir, es obvio que la respuesta es la misma, pero no es el mismo el servicio con el que vamos a prestar esa respuesta, la profundidad de la misma, los detalles técnicos de ella, o la resolución más o menos completa que con ella aportaremos.

Así, establecer distintos grados de honorarios, para servicios similares pero dándoles un enfoque, una intensidad y una dimensión distinta a cada uno de ellos, es la mejor forma para que cada uno de los servicios que prestamos nos salga rentable.

En Pymes y autónomos | Del "low cost" al "quality cost" Imagen | Mgoncalles

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