
Que no, que no voy a hablar de Evo, por mucho que a su ¿ideología? la denominen evismo. Que uso la expresión, mejor dicho, el palabro evismo para algo muy distinto. Tan distinto como que creo que es cosecha mía, aunque me extrañaría sobremanera. Se trata de una categoría, de una forma de pensar y actuar con la que se identifican algunas personas en nuestras empresas, algunos profesionales. vamos, que continuo con mi saga de Moqueteros. Y en este caso, y tras hablar del adanismo, me acuerdo de nuestra madre bíblica, Eva.
Partamos de que soy un ignorante en materia religiosa, pero tal y como yo lo veo, lo que tenía Eva era un claro problema con el principio de autoridad(sin entrar a distinguir en el binomio autoridad/poder). A Eva le habían dejado claro cuales eran los limites, las rayas rojas. Y le habían pintado una muy gorda en ese árbol y en sus frutos. Habrá quien piense que que le molaba a Eva era probar esa golosa manzana, saborearla, experimentar que es lo que le supondría. En mi caso pienso que se trata de un acto de rebeldía, de autoafirmación, de demostrar que ella mandaba más. Y para ello no bastaba con que ella se saltase las normas, no. Tenía que conseguir que el ojito derecho del Jefe también lo hiciese.
Pues en la empresa hay personas de se tipo, profesionales que llevan muy mal el ser dirigidos, el que les marquen el campo de juego, que se les establezca una directrices. Ya no es que confundan la autonomía con el extralimitarse, es que saben perfectamente que lo que hacen rompe las reglas. Lo buscan expresamente, y necesitan que otros les sigan para visibilizar su poder, su capacidad para desafiar al que manda (curiosamente, si son jefes suelen ser unos autocrátas de cuidado).
Desde mi modesta opinión esa gente debe salir de la empresa, son un riesgo para la misma, no tanto por las consecuencias inmediatas de sus actos (igual hasta tenían razón), como por romper la cadena de mando de la misma. La autoridad ha sido lastimada y el único modo de recuperarla es poner a los infractores de patitas en la calle, por mucho que sea su coste. Vamos, que secundo plenamente el ERE que se realizó en Edén S.A.U.
En El Blog Salmón | Pagafantas laborales en mandos intermedios
Imagen | pedronchi
Comentarios
Algunos no saben trabajar de otra manera.
Un pensamiento:
"El problema de los árbitros es que conocen las reglas pero no conocen el juego"
Mare, quizás no se sienten bien consigo consigo mismos de no hacerlo así.
Unknet, es que quizás entonces no serían árbitros...
Me voy a extender un poco mas:
En la empresa yo distingo dos clases de "romperreglas":
- Los empleados que rompen las reglas por sistema. - Los empleados que rompen las reglas por que deben.
De los primeros merece la pena deshacerse, son fuente de problemas.
A los segundos merece la pena conservarlos, son fuente de innovación y mejoras.
Una empresa que no disponga en su plantilla de algún empleado del segundo tipo, está expuesta al estancamiento y por ende al fracaso ante la competencia.
"Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa." Thomas Jefferson
Lo que pasa es que muchos mandos intermedios (casi todos) están aplacados por su papel en la empresa, papel que los que realmente mandan se encargan de hacerles ver que es fundamental, cuando en realidad no lo es tanto.
Y es que subir ese peldaño puede ser por dos vías: hacer estrictamente lo que les mandan, o no. En el primer caso nos remitimos al principio de Peter, y suelen ser jefes bastante mediocres. En el segundo, suelen elevar el nivel de su departamento hasta niveles que sus superiores no sospechaban, y eso a veces también molesta.
Para conseguirlo hay que saber aplicar las reglas, y también cuándo romperlas. No basta con ser rebelde por sistema, que creo que es de lo que habla este post, sino de tener flexibilidad, proactividad, e intuición para asumir riesgos calculados.
No es raro que ese tipo de gente dure poco en su puesto ya que, o bien por hacer sombra a sus superiores, o bien por tener iniciativa suficiente, suelen ser emprendedores natos, de esos que ahora lo están pasando putas.
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