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Cuando los premios empresariales tienen un precio

Cuando los premios empresariales tienen un precio
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Siempre he dicho que una de las cosas buenas que tiene la crisis es que se prescinde de los gastos superfluos. Bueno, de los superfluos y de muchos que no lo son, pero esa es otra historia. La de este post va a versar sobre esos premios empresariales que tienen un precio. Estoy casí seguro que buena parte de vosotros sabéis bien de lo que hablo, al detectarlos en compañeros de profesión o siendo receptor de los cantos de sirena. Espero que, igual que han florecido con el dinero fácil, desaparezcan con la crisis. Y con el sentido común.

La idea, que puede tener sus variantes, nace a partir de un espabilado que monta una asociación, fundación o consultora. A través de la misma dice buscar acercar el mundo de la empresa, de la pyme, a la sociedad, reconocer la labor de los hombres de empresa, o lo que sea. Generalmente tiene una publicación, una revista, un un diario de escasa tirada (no es necesario, pero como veremos resulta muy conveniente). Si todo esto se rodea de políticos de segundo o no tan segundo nivel, sepan o no de que va el asunto, la incoativa suele tener cierto éxito.

A partir de ese punto, el cancamusero, con perdón, se encargará de sondear a potenciales víctimas, perdón, digo premiados. Que si se han fijado en su trayectoria, que si le han hablado muy bien de su gestión empresarial, que si esta nominado a emprendedor del año, a chambelán de la dirección comercial o a visir de la comunicación empresarial. Cuando detectan que un candidato empieza a respirar hondo dejan caer que se le podría hacer una entrevista (una hagiografía más bien) para el medio que llevan, y quizás también un publirreportaje. De pago, señores, totalmente de pago. Eso si, la mordidad suele articularse también como una donación a la fundación o una contribución al cubierto de la cena de entrega de premios.

Y es que aquí con lo que se juega es con la vanidad de la gente. Son presa fácil aquellos empresarios o profesionales sin formación, que necesitan un reconocimiento social (que no van a encontrar así), que buscan lucirse ante la familia o las personas relacionadas con la empresa. Hablo de personas que se encuentran solas, que son demasiado inocentes para darse cuenta de que todo es una mascarada en la que, un observador mínimamente formado, reconoce que todo esto denigra la imagen de los empresarios que participan del juego. ¿A qué no soy el único en haber detectado este tipo de oportunidades de negocio? Como no tengo tiempo que perder, ni stress que ganar, no pienso citar ninguno de los variados casos que conozco.

En Pymes y Autónomos | El pantano de la mediocridad
Imagen | A. Pagliaricci

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