
Siempre he dicho que una de las cosas buenas que tiene la crisis es que se prescinde de los gastos superfluos. Bueno, de los superfluos y de muchos que no lo son, pero esa es otra historia. La de este post va a versar sobre esos premios empresariales que tienen un precio. Estoy casí seguro que buena parte de vosotros sabéis bien de lo que hablo, al detectarlos en compañeros de profesión o siendo receptor de los cantos de sirena. Espero que, igual que han florecido con el dinero fácil, desaparezcan con la crisis. Y con el sentido común.
La idea, que puede tener sus variantes, nace a partir de un espabilado que monta una asociación, fundación o consultora. A través de la misma dice buscar acercar el mundo de la empresa, de la pyme, a la sociedad, reconocer la labor de los hombres de empresa, o lo que sea. Generalmente tiene una publicación, una revista, un un diario de escasa tirada (no es necesario, pero como veremos resulta muy conveniente). Si todo esto se rodea de políticos de segundo o no tan segundo nivel, sepan o no de que va el asunto, la incoativa suele tener cierto éxito.






