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Equipo nuevo veo, equipo nuevo quiero

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Para lo que hacemos en la empresa con estos equipos nos basta y nos sobra. Esta afirmación la he visto repetida multitud de veces en las empresas. Pero entonces llega el día en que un equipo se estropea. Se valora la reparación y se cambia por uno de similares características pero lógicamente más nuevo, más potente, con más memoria y a veces hasta con nuevo sistema operativo. Y entonces es cuando surge la comparación y equipo nuevo veo, equipo nuevo quiero.

Porque ves cómo podrías trabajar con el nuevo equipo y lo cierto es que piensas que los tiempos muertos, los cambios de una pantalla a otra, el tiempo de arranque o lo que tarda en abrirse una hoja de Excel, etc. En definitiva todo lo que tiene que ver con nuestro trabajo. Y todos en la empresa comienzan a pedir para ver cuando les llega a ellos la hora de tener nuevos equipos.

El problema en este caso suele ser el inconformismo. Si está bien articulado el sistema productivo en algunas empresas los nuevos equipos siempre llegan a los mismos departamentos, aquellos que necesitan los equipos más potentes y los que estos tenían se heredan por el resto. El problema llega cuando todos tienen un estatus similar y se hace por orden de antiguedad o se sustituyen aquellos equipos con peor rendimiento.

Además si el equipo se retira de circulación pero se aprovechan elementos como memoria RAM para potenciar otros, aunque se hayan mejorado, nunca será suficiente, porque en la comparación con los equipos nuevos siempre saldrán perdiendo. La cuestión por decidir siempre será si la mejora de la productividad que nos da un equipo nuevo es suficiente para cambiarlo o no.

En Tecnología Pyme | ¿Debemos renovar equipos sólo para mejorar la imagen?
Imagen | john_a_ward

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