
El tiempo se te ha echado encima y has incumplido. Te habías comprometido a realizar ese trabajo en un tiempo que en principio te pareció razonable pero no ha podido ser. El exceso de trabajo, una enfermedad o, sencillamente, “le están saliendo los dientes al niño del vecino y llevo un mes sin pegar ojo”, ha hecho que incumplieras el plazo de entrega de un trabajo. Como eres constructivo, tomas buena nota de que has sido realmente optimista a la hora de planificar tu tiempo de trabajo y te prometes que en el futuro serás más cauteloso. Pero, el mal está hecho y ahora debes “salvar” al cliente. ¿Qué hacer?

En relación con lo apuntado hace unas semanas sobre los