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Hasta última hora he tenido dudas sobre si colgar estas reflexiones en El Blog Salmón o aquí. Finalmente me he decidido por este blog. Más allá del modelo fiscal X, o del formulario mercantil Y, considero que el empresario más pequeño no debe perder la perspectiva de la realidad, ser consciente de cómo se mueve ese sistema en el que se maneja el empresario, llamado capitalismo.

Por ejemplo, y siguiendo con el post que nos colgaba Remo el otro día, la imperiosa necesidad que tiene para sobrevivir de recurrir a un constante proceso de prueba y error. Sin fracasos no hay éxitos.

El capitalismo fagocitador

A través del blog de Julen, Consultoría artesana, llego a esta entrevista con Manuel Delgado, antropólogo de la UAB. Os sugiero su visión hasta el final, donde el entrevistado, que ideológicamente pudiese parecer muy lejano a mi o a buena parte de la clase profesional y empresarial de este país, da unas cuantas claves de cómo funciona el sistema capitalista.

Aceptemos como premisa para hablar de este tema que cuando se refiere al capitalismo se refiere al capitalismo en su estado actual, por mucho que a nosotros nos cueste denominarlo así, dado el peso de la intervención estatal. Sin embargo es innegable que el espíritu de la libre empresa, opacado en buena medida, late dentro del mismo.

Para empezar hace una llamada de atención a algo innegable, y es que el capitalismo se alimenta de lo que le altera, o lo que ya he denominado en alguna ocasión el capitalismo fagocitador. El capitalismo, la empresa, nuestra sociedad, necesita ser constantemente desafiado, por la competencia, por otros modelos. eso genera sus propios anticuerpos, mantiene vivo al organismo y lo hace evolucionar. Insisto en que me refiero tanto a nivel macro (sociedad) como a nivel micro (empresa).

Precisamente, aquellos no sumisos, aquellos que desafían al sistema en su conjunto , o quienes se limitan a competir contra un gran gigante con una idea disruptiva, son los que acaban liderando esas sociedad o mercado ante los que un día se plantaron. Hablo de los líderes de mayo del 68, por ejemplo, pero también de alguien como Jobs, Gates, Torvald, etc.

Así que, la primera lección, es que las empresas deben alimentarse de este tipo de movimientos, de liderazgos, de personas. Debemos levantar la nariz de nuestros papeles, olfatear esas corrientes, subirnos a ellas, cabalgar ese tigre.

El miedo a la libertad y al azar

Por otro lado, resulta muy interesante cuando incide en el miedo a la libertad del individuo común. El lo hace hablando de otros temas, cuando dice que no es el castigo, si no la responsabilidad de ser libres lo que nos aterra e inmoviliza. Trascendamos del plano al que se refiere y apliquémoslo a la falta de iniciativa empresarial en España. ¿Es realmente el miedo al fracaso lo que frena los proyectos?, ¿o es una cultura en la prima una voluntad de sumisión, un si-señor, un no complicarse la vida e ir por el camino trillado?

Resulta esclarecedor su negativa a la omnisciencia, a la planificación absoluta, a la necesidad de estar permanente posicionado. Ya he hecho alguna crítica en este sentido respecto al culto al análisis, a la planificación, y a presentar como éxitos de determinados modelos gestión lo que es fruto de un momento, de las circunstancias, de la suerte. En parte al hombre el azar se le hace muy duro, y en parte hay mucho cancamusero intentando venderte paquetes consultoriles.

El derecho a experimentar y a equivocarse

Para cerrar este post me gustaría recuperar otro que publiqué en verano, y que es de esos que veo que pasan lamentablemente desapercibidos. Me refiero al dedicado al Guerrero de la basura, Michael Reynolds, un arquitecto alternativo norteamericano, uno de esos líderes de los que comenzaba hablando en el post. Os vuelvo a recomendar su visión una vez más:

Hubo dos momentos del documental que me impactaron. Por un lado ver como el protagonista tuvo que reconocer que debía hacer lobby sí o sí, pero sobre todo aquel en el que reclamaba su derecho a equivocarse, a experimentar. Frente a las rígidas normas que regulan el negocio de la construcción nuestro arquitecto necesitaba probar cosas nuevas, y exigía que se permitiese llegar a acuerdos con los clientes en dicho sentido, aunque fuese limitándolo en el tiempo y en el espacio. Si no se veía incapaz de evolucionar.

En definitiva, unas normas creadas para proteger a los consumidores, a la sociedad, impedían el progreso de ésta y la mejora del producto que se ofrecía a aquellos.

Obvio decir que fracasó en su intento. Pero estoy seguro que a largo plazo se acabará saliendo con la suya. El sistema contra el que lucha lo necesita y gente como él lo acabará dirigiendo.

Vía | Consultoría Artesana
En Pymes y Autónomos | Adanismo empresarial, El manantial

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