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Conocí la vida, obra y milagros de André Kostolany gracias a un gran amigo. Cuando a todas horas aparecían en los medios de comunicación, personajes con traje y corbata: expertos en Bolsa o economía, yo iba descubriendo de este señor, su estilo como inversor dentro del mundo bursátil, sus reflexiones, su manera de explicar cómo invertir de una manera sencilla y lógica.

En un momento donde los sabios modernos, no sabían qué contarnos, ni cómo explicar qué había sucedido, o peor aún, no hicieron nada por evitarlo, acercarse a la figura de este inversor-especulador resultaba cuanto menos gráfico. Al menos, sabía a qué se dedicaba y no ocultaba sus movimientos. Resultó una brisa de aire fresco proveniente de una persona de más de noventa años.

¿Pero qué tiene que ver un especulador con una empresa? Quizás podamos aplicar algunos de sus consejos o experiencias en la gestión de nuestro negocio. En estos momentos algunos adoptan actitudes cercanas a la queja, al lamento, la pasividad, o prefieren dejar su destino en las manos del consabido: “todo pasará”. ¿Es esa la solución acaso?

Cada día nos despiertan con noticias rocambolescas, inmersos en esta crisis donde los protagonistas son: bancos, políticos y las agencias de calificación. Cuando los principales actores son: empresarios, las pymes, autónomos y desempleados. En definitiva, nosotros.

André Kostolany y la empresa

El consejo más sensato que predicaba era: compra títulos, acciones de empresas, toma unas pastillas para dormir durante 20 o 30 años y cuando uno despierta, voilà! es millonario. Primera lección para quien crea que invertir es una cuestión de inmediatez y de dinero fácil.

Imaginemos que tengo una tienda. Yo no puedo seguir su consejo a no ser que cuente con un colchón mullido y lleno de euros, pero me quedaré con el concepto de la paciencia.En el contexto actual es una virtud que no abunda, por ello debemos poner mucho empeño. Primero pensaremos en nuestro negocio y nos preguntaremos:

  • ¿Me limito a quejarme y a esperar?
  • ¿Sé qué demanda la gente?
  • ¿Conozco qué productos son los que se siguen comprando?
  • ¿Comprendo la nueva forma de vender y sus herramientas?

Como buen especulador, André, a pesar de acabar sus días como millonario, pasó por la cruda experiencia de la ruina y hundido en sus deudas llegó a pensar en el suicidio. La especulación y sobre todo la pérdida total del capital invertido eran conceptos que conocía perfectamente.

“En la bolsa las cosas ocurren al principio de manera distinta a como se pensó y sólo después se enderezan y suceden como se había esperado. Cuando, pese a todo, se gana dinero en la bolsa, es el salario del dolor, primero llega el sufrimiento y después el dinero”.

Tampoco es cuestión de que suframos hasta esos extremos, pero sí quizás sea conveniente ser conscientes de que en la empresa sucede como en el campo. Hay que sembrar y esperar a que lleguen los frutos, eso sí, mientras sucede intentemos que nuestras energías se vuelquen en idear nuevos retos. El sufrimiento desgasta y no aporta nada.

Tú eres el accionista más importante

Otro lema de nuestro longevo inversor, era el de no dejarse arrastrar por la corriente de muchas opiniones y consejos bursátiles; si te metías en este “negocio” debías ser capaz de pensar por ti mismo.

Si paseas por la calle te darás cuenta de la cantidad de negocios similares. Pegados los unos a los otros. ¿A qué se debe? a una falta de estrategia, de estudio de campo y sobre todo a una gran dosis de impulsividad. Tenemos que estar al acecho como los cocodrilos. Investigar a nuestra competencia, y sobre todo no hacer caso al cien por cien de los consejos que con buena fe, nos llegan por parte de amigos, conocidos o veteranos en la materia de abrir negocios.

Tomemos sus palabras con respeto y una sonrisa, pero tengamos claro una cosa: la última decisión será la tuya. Si vienen malos tiempos, en general, nadie acudirá a solventar tu problema económico. Piensa por ti mismo.

Planificar los cambios de gestión empresarial

Se trata de comprender que nuestra empresa es un negocio a mejorar. Existen dos opciones: dejarse llevar por el desánimo que se respira o emplear esas noches que no se duerme, en pensar cómo mejorar nuestras ventas. Ser ambiciosos, creativos y aprovechar el contexto. Sin hacer daño a nadie, nuestro lema debe ser: crecer, crecer y crecer. No vamos a triunfar de la noche a la mañana. Pero nuestra actitud y trabajo diario, nos llevará a resultados óptimos. Una vez más, paciencia.

La observación del entorno, la lectura de publicaciones relacionadas con nuestro sector, el trabajo de campo (como ya hemos comentado, pasear es importante)Tal vez esté perdiendo dinero por empeñarme en seguir vendiendo productos que ya no tienen salida. Quizás sea el momento de dar un giro a lo que ofrezco, y a la manera en que lo hago. No sintamos pudor a la hora de copiar a nuestra competencia. Las ideas nacen de unir distintas piezas que conforman nuestra existencia.

Plateemos un objetivo claro. Quiero conseguir vender X cantidad. Que me conozcan más allá de mi barrio. Generar conversaciones donde mi tienda, negocio o empresa surja. Tengo que emplear la creatividad, pero también ser consciente de:

  • Dónde estoy ubicado
  • Quiénes son mis clientes fidelizados
  • Quiénes podrían ser nuevos clientes
  • ¿Debería dejarme ver por alguna red social?

Volviendo a nuestro protagonista, André Kostolany, conocía perfectamente la posición corta y la utilizaba en beneficio propio sin importarle las razones morales que algunos aducían en aquellos tiempos.

Se consideraba antipatriótico especular a la baja y eso es algo que viviría André crudamente durante el gran crack bursátil de octubre de 1929. En aquel desastre financiero, Kostolany había estado en el lado correcto, generando enormes plusvalías en posición corta, que contrastaban con las pérdidas que habían sufrido sus compañeros, que o bien se habían arruinado o habían perdido sus empleos. Una catástrofe financiera y humana.

Otra enseñanza, debemos tratar de mejorar pero sin provocar daños colaterales. Claro que la crisis es igual a oportunidad, pero no a la falta de ética y moral, lo cual no nos hará más débiles sino más sabios. De los fracasos de los demás debemos aprender pero para no caer en ellos.

Su filosofía al alcance de todos

Pero volvamos a nuestro protagonista. Ya en los años setenta, le propusieron que enseñara a través de sus experiencias, sus conocimientos bursátiles. Al principio no tuvo mucho éxito. Aquellos seminarios se celebraban en Alemania y Kostolany no era muy conocido (a pesar de haber invertido en la reconstrucción del país tras la Segunda Guerra Mundial).

Pero el dominio que tenía de las habilidades comunicativas, convirtieron los siguientes encuentros en un éxito. Miles de personas acudían a escuchar a este viejo inversor que huía de los análisis técnicos y que confiaba en su olfato más que en los libros.

No se trata de que nos dejemos llevar por nuestra intuición sin más. Es positivo estar al día, lo que ya no lo es tanto es saturar nuestro cerebro con información-sobre todo en los tiempos que corren-seamos selectivos, y cojamos lo mejor de quienes nos rodean. En este caso, Kostolany aun dedicándose a la Bolsa, ofrece consejos, pautas y vivencias (para mí, lo más importante) que nos pueden servir de fuente de inspiración. Un poco de olfato y otro poco de estudio es la fórmula perfecta, o casi…

Ante todo, vitalidad

Podemos ver al ya desaparecido André en un anuncio que acompaña al texto. Y a quien esté interesado, puede encontrar “El fabuloso mundo del dinero y la bolsa”, una especie de Biblia para los inclinados en temas bursátiles que se pueden aplicar a la empresa. En él encontraremos enseñanzas, vivencias y consejos.

Si este caballero a sus noventa años era capaz de hablar y sonreír como si tuviera cuarenta años menos, también deberíamos replantearnos si la actitud es primordial a la hora de llevar nuestro negocio. Si sonrío y nadie entra en mi local, mis sonrisas no pagarán las facturas es obvio, pero si mi actitud es positiva quizás esté predispuesta a pensar con algo más de claridad y no tome decisiones incorrectas, que todavía perjudiquen más mi situación.

Aprendamos de todo y de todos. Jamás infravaloremos una opinión o una decisión ajena. No juzguemos. Lo importante es mantener los ojos y oídos bien abiertos, copiar los éxitos y aprender de los errores de los demás, incluso memorizarlos para no caer en ellos

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Vídeo| Anuncio de André Kostolany en youtube

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