Las cartas de recomendación a ex-empleados

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La semana pasada me llamó un trabajador que había estado hace un año en la empresa para pedirme una carta de recomendación, asi como la posibilidad de facilitar mis datos personales para cruzar referencias.

No es ninguna novedad la que planteo; muchos de vosotros habréis realizado muchas, pero yo no suelo hacer muchas cartas de este estilo y me surgieron bastantes dudas.

Lo primero que pensé fue en recurrir a “San Google” y coger un formato relativamente estandarizado. Pero lo pensé mejor; no tiene ningún sentido dar cuatro frases muy bonitas, con un formato preestablecido para que no aporten ningún valor añadido a una hipotética recomendación.

Por otra parte, cuando un ex-empleado solicita algo así, significa que su paso por la empresa fue cuanto menos notable y su salida estaba preconcebida de antemano, sin resultar especialmente traumática para ambos.

Prueba de una buena relación, así como el valor añadido que puede aportar una carta de recomendación, me planteé cual debería ser el contenido correcto. Para enfocar este punto, me coloqué en la posición de alguien que necesita realizar una contratación, y mis candidatos aportan este tipo de documentos.

En este punto, llegué a la siguiente conclusión: si alguien me aporta una carta de recomendación quiero conocer sus mejores virtudes y sus peores defectos. Para decirme que es maravilloso y lo bien que lo hizo en su trabajo anterior, ya tengo su CV y lo va a ratificar perfectamente en la entrevista.

Ahora bien, alguien que aporte una carta que diga donde falla o que puntos son sus debilidades da un grado de confianza y sinceridad que refuerza mucho más si cabe su contratación en igualdad de condiciones. ¿Qué opinais vosotros?

Imagen | OpenDemocracy
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