¿Cómo podemos hacer más llevadero los primeros días de un nuevo empleado?

Síguenos

nuevo_empleado

Hoy en día todos los padres saben que las sensaciones que experimenta su hijo recién nacido el primer año son determinantes para su futuro. Al nacer, el bebé entra en un entorno completamente nuevo y lleno de sensaciones desconocidas, por lo que sus progenitores le han de ayudar para que esta experiencia sea lo menos traumática posible.

Pues bien, también las primeras impresiones que tiene el recién llegado a la organización son difíciles de borrar y condicionan su futura satisfacción e integración en la organización. Como coloquialmente se suele decir, la primera impresión es la que realmente cuenta.

El primer día, clave en la impresión del empleado

Desde el punto de vista del trabajador, los primeros días pueden ser especialmente angustiosos; no sabe si sabrá hacer el trabajo, ni como serán sus compañeros, ni si sus relaciones con ellos y con sus superiores serán satisfactorias. Una ansiedad que, aun siendo natural, perjudica la capacidad del nuevo empleado para aprender, lo que le creará insatisfacción e inseguridad sobre el desempeño de su trabajo.

Por ello, es responsabilidad de nuestra empresa conseguir que las primeras impresiones del nuevo empleado sean favorables para que éste sea un miembro de la organización satisfecho y productivo, para que de esta manera se sienta plenamente integrado en la empresa.

Sin un programa de orientación adecuado puede llegar a suceder que el recién llegado tenga que ir descubriendo por sí mismo la mayor parte de las cuestiones referentes a su puesto de trabajo, a sus compañeros, a sus superiores y la cultura de la empresa. En algunas ocasiones, el empleado solo descubre esos aspectos rectificando tras cometer errores que hubiesen podido evitarse con una información y un apoyo iniciales adecuados.

Hay muchas pautas o buenas prácticas para hacer que el empleado se sienta acogido por la empresa e integrado en el ambiente empresarial desde el primer día.

Enseñarles lo básico

Un buen comienzo puede pasar por darles la bienvenida y enseñarles su puesto de trabajo y el entorno en el que va a trabajar, además de hacerles un pequeño recorrido por la empresa, presentándoles a los que van a ser sus nuevos compañeros de hoy en adelante y a todas las personas relevantes de la organización para evitar que puedan llegar a meter la pata si no saben diferenciar una persona importante de otra que no lo es tanto.

Sería interesante que tres o cuatro compañeros le acompañasen durante el primer día, no solo desde el punto de vista laboral, si no en un ambiente más distendido, por ejemplo en la hora de la comida.

Programar reuniones con el nuevo empleado

Tendremos que comenzar a proporcionarles un goteo constante de información para ayudarles en su trabajo para el que han sido contratados. Para ello puede ser interesante programar reuniones periódicas para saber si han absorbido la gran cantidad de información de los primeros días.

Si no tiene la formación suficiente para el puesto para el que ha sido contratado, es imprescindible que el empleado cuente con un buen programa de formación y, si existiese documentación de un antiguo trabajador, hacer que el nuevo empleado se la lea detenidamente y tome notas si fuera necesario, preguntando todo lo que necesite.

En general, debemos alentar al nuevo empleado a que programe reuniones con aquellos con los que va a trabajar directamente, sugiriéndole que sea él directamente el que de forma proactiva trate de convocar las reuniones, ya que de esta manera conocerá los nombres de sus compañeros, sus responsabilidades, el protocolo en la sala de reuniones, etc.

Cuando las cosas no funcionan

No importa lo bien que haya ido el período de contratación y el de integración en el nuevo equipo de trabajo; en ocasiones, el empleado o la empresa creen que no han tomado la decisión correcta después de pasado un tiempo. Bien porque el empleado no disfruta de su trabajo tanto como esperaba o porque la distancia del trabajo a su casa es demasiado larga o porque le han ofrecido un puesto de trabajo mejor, el caso es que no ha habido feeling entre empresa y empleado.

Sin embargo, esto no tiene por qué suponer un problema, ni para la empresa ni para el empleado. Los periodos de prueba existen por esta razón, y hasta que termine existe la oportunidad para ambas partes de tirar la toalla sin repercusiones algunas.

Sea cual sea el motivo, lo difícil es reconocer el problema. En muchas ocasiones, es más difícil reconocer que nos hemos equivocado que continuar como si no ha pasado nada. En cualquier caso, la posibilidad de fracaso no debe hacer que dejemos de tratar a nuestro nuevo empleado como uno más, haciendo que se sienta parte de la organización desde el primer día.

En Pymes y Autónomos | Errores en la gestión de personal
Imagen | arinas74

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

1 comentario