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Dime qué necesitas y te diré cómo tienes que financiarte

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Hoy voy a comprar unos calcetines nuevos que los que tengo puestos tienen un agujero. No sé si pagar en efectivo o a crédito, creo que pagaré en efectivo, el crédito casi lo voy a reservar para algo más importante, por eso de la documentación a presentar. Mañana estaba pensando en comprar una máquina para hacer calcetines, así ya no tendría que comprarlos, tengo el dinero justo para la máquina, pero si la pago en efectivo me quedo sin un duro y no tendría dinero para pagar a un operario que la maneje.

Podemos hacer la cuenta de la vieja, podemos hacer un informe de cash flow un plan de negocio, pero lo que tenemos que tener claro es que cuando compramos determinados bienes, la financiación de estos en ocasiones, es algo necesario, aunque dispongamos de liquidez en ese momento para pagar dicho bien.

Algunas maneras para financiarnos en función de lo que compremos son:

Para financiar compras de importes no excesivamente elevados

Una manera de financiación rápida y sin papeleos, es el uso de tarjetas de crédito que nos permite realizar compras y pagarlas a fin de mes, con lo cual nos financiamos a corto plazo, teniendo la posibilidad de aplazar los cargos en la tarjeta en diferentes plazos, pero hay que tener en cuenta que esta financiación suele ser rápida pero cara.

Si queremos financiar el activo circulante o activo corriente de una empresa

Tendremos que analizar el período en que hacemos líquidos dichos activos, por ejemplo, el dinero en cuentas corrientes no necesita financiación alguna, pero si tendremos que buscar financiación en el caso de que otorguemos un crédito comercial a un cliente, permitiéndole pagar con un pagaré a 60 días, cuando nosotros tenemos que abonar la deuda al proveedor a 30 días. O financiamos ese período o tiramos de recursos propios. Esto tan simple en una operación puede no verse tan claramente enmascarado en las múltiples transacciones que se producen en una empresa.

El activo corriente de la empresa además de la tesorería y los créditos comerciales antes mencionados, lo forman las existencias, inversiones financieras a corto plazo y otras cuentas a cobrar.

Para financiar el circulante de las empresas lo más habitual es recurrir al descuento de pagarés o al descuento de recibos domiciliados a través de la norma 58, pedir una póliza de crédito o pedir un crédito a corto plazo.

Recordemos que un activo para tener la consideración de circulante debe de tener la capacidad de hacerse líquido a corto plazo, es decir en menos de un año.

Si queremos financiación más a largo plazo

Los particulares suelen recurrir a ella para financiar operaciones por todos conocidas, como la compra de la vivienda, el coche, los muebles, electrodomésticos y en general la compra de bienes de valor elevado que es preferible repartir en cuotas aún a costa de pagar intereses por su financiación.

Por su parte las empresas recurren a ella para financiar los activos no corrientes u activos fijos que son los no convertibles en efectivo por la empresa en el año, y permanecen en ella durante más de un ejercicio. El gasto de estos activos se recoge en las cuentas de resultados mediante su amortización.

Para empresas y particulares la forma más habitual de financiar estas operaciones es mediante créditos a más de un año y para inmuebles la hipoteca por todos conocida y que nos suele acompañar durante algunos años de nuestra vida.

En un Nuevo Impulso:

Imagen | De la Cigoña

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