
Con la crisis, el consumo de productos de marca blanca se ha incrementado considerablemente. Es obvio que, con una parte de la población en paro o en camino de estarlo, cada euro cuenta. Y en esa estrategia de ahorro, ni los productos de alimentación se salvan.
Mientras que los productores y distribuidores de marca blancan ven subir sus ingresos, las marcas “tradicionales” están que trinan. Y la estrategia que han adoptado no deja de tener cierto toque infantil: “Nuestros productos son mejores”, “cuando compras marca blanca fomentas el empleo precario”, “la marca blanca no invierte en i+D”, etc. A esto, en mi pueblo, se le llama estrategia pataleta.
