
Personalmente y que yo sepa no tengo hijos ni pienso tenerlos pues siempre he odiado a esos pequeños monstruos, por ello no se puede decir que tenga gran conocimiento del mundo infantil ni interés en el mismo, pero de la poca observación que he tenido alguna vez de los susodichos con otros monstruitos (a veces incluso peores que los originales), es decir de la relación de los hijos con sus progenitores he sacado algunas conclusiones aplicables al entorno de la empresa y hoy quiero hablar de una de ellas.
Siempre me ha sorprendido aquel padre o madre que todo deseando que su hijo sea una gran estrella del deporte (más bien para garantizarse una buena jubilación que no por interés en el niño) le apunta en el club de futbol de turno y le acompaña semana tras semana a todos los polvorientos campos donde su hijo (por devoción o por obligación paterna jugará), y mi sorpresa se produce cuando en el transcurso de este saludable habito, al niño le pretenden enseñar o inculcar que “lo importante es jugar, no ganar”.

