La semana pasada colgué, como homenaje a todos los pequeños empresarios, a los emprendedores, a la gente con iniciativa, el alegato judicial de Roak en El Manantial. Quizás para algunos esa película les queda lejos: blanco y negro, una forma de interpretar y un discurso quizás excesivamente teatral, etc. Por ello creo que, como alternativa para unos, y como segundo plato para otros, voy a hablar de una segunda película.
Me refiero a Tucker: Un hombre y su sueño, de Coppola. Una película sobre un personaje real, Preston Tucker, un visionario que, tras la II GM, intento lanzar una nueva marca de coches, siendo su icono inicial el Tucker 1948. Un hombre que se adelanto a su tiempo en numerosos aspectos: obsesión por la seguridad, avances tecnológicos, y un programa de personalización como a los que hoy estamos acostumbrados. Fue mucho más de lo que la sociedad podía imaginar y de lo que la competencia podía soportar. Bajo acusaciones de fraude fue llevado a juicio, y aunque gano, su proyecto se hundió debiendo emigrar a Brasil, donde intento rehacerlo.
