
Me da en la nariz que este va ser uno de los negocios que mejor capee la crisis. Me refiero a aquellas pequeñas empresas, cuasiartesanales en ocasiones (y otras no tanto), que se dedican a las replicas de artículos de lujo. Y cuando he dicho réplicas deseo que se me entienda bien: no hablo de falsificaciones, no de hablo de imitaciones. Hablo de productos que no pretenden ser lo que no son, que no vulneran derechos de propiedad intelectual ni industrial (y ojo, que habría que hablar largo y tendido del tema y de cómo estas ramas del Derecho se están quedando atrás). ¿Un ejemplo a lo bestia? Zara, en buna medida es todo un ejemplo de empresas dedicada a hacer versiones populares de productos de lujo, por no hablar del mundo de la relojería (que se lo digan a Rolex y la multitud de reinterpretaciones de sus modelos clásicos)
Recientemente El Confidencial dedicaba un artículo a un fabricante francés, PGO, dedicado a hacer réplicas de Porsche, modelos basdos, inspirados, en el 356. Se trata de modelos de encargo, con importador español, que con un motor Peugeot pueden dar satisfacción a parte del segmento de los enamorados de los clásicos, y que por motivos económicos, de adquisición y mantenimiento, no llegan a los originales. Lo que me extraña es que no se haga alusión a que en España hay ya una cierta tradición al respecto.
