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El viaje a las islas Seychelles del jefe [Humor]

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Aquel día era festivo en gran parte de nuestra comunidad autónoma y la oficina estaba en servicios mínimos. Algo menos de la mitad de la plantilla estaba en la oficina mientras el resto disfrutaba de su día libre y aunque era algo que sucedía dos veces al año no se esperaba con mucha ilusión, por supuesto.

No había mucho trabajo pero evidentemente la gente no estaba de humor y se movían como zombies por los pasillos. El silencio era algo doloroso en ciertos momentos pero todo terminó con la aparición del jefe. Eso sí, en lugar de animar logró desmotivarnos definitivamente contándonos cómo le fueron sus vacaciones de lujo.

Cuando tienes un salario bastante miserable y tu jefe llega chuleando del BMW que le regaló su mujer (que también era nuestra jefa) por su cumpleaños incluyendo vídeos del momento ya puedes esperarte ciertas cosas… pero la verdad es que nunca dejas de sorprenderte.

¿Qué tal las vacaciones?

A las tres, hora de irnos ese día en concreto, apareció el jefe con su cochazo y aparcó revolucionando el motor en una de las innumerables plazas disponibles ya que éramos los únicos que estábamos abiertos en la zona.

Desde la ventana los empleados le vieron llegar sin demasiado entusiasmo pero con sorpresa pues la jornada había terminado y no se le había visto el pelo en semanas. ¿Vendría a echar una bronca?

Cuando estábamos preparándonos para irnos a casa entró y nos propuso pedir algo de comer para hacerlo juntos. Aceptamos casi como una obligación pese al deseo de hacerlo en nuestros respectivos hogares pues temimos que quisiera compartir algo serio con todos ya que en las reuniones individuales nos había estado diciendo que la empresa estaba en una situación delicada por la crisis.

Cuando llegó la comida (unas pizzas y unos bocadillos de tamaño bastante intimidatorio) nos sentamos en la larga mesa de la sala de reuniones. Al principio solo se habló de la comida gigante pero entonces el jefe decidió abrir la temática preguntando a los demás por sus vacaciones:

  • ¿Qué tal tus vacaciones? – iba uno a uno
  • Las tuve hace dos semanas pero no pude hacer mucho… fui a ver a la familia y poco más. Estoy ahorrando para irme de viaje al Reino Unido.
  • Eso está bien.
  • Sí, espero poder ir en plan mochilero para recorrer parte del país.
  • Bueno, yo soy más de hotel. ¿Y tú que tal? – cambió de interlocutor.
  • Todavía no las he tenido…
  • Ah, bueno. – bajó la mirada contrariado.
  • ¿Y usted? – le preguntó un compañero ante la mirada congelada de los demás.
  • ¿Yo? Bueno, un poco estresante. Volvimos hace dos días, pero bien. ¡Menuda aventura! Fuimos a las islas Seychelles y pasamos algo de miedo al principio porque fuimos a un hotel que está en su propia isla y para llegar tuvimos que subirnos en un helicóptero. Había una especie de tormenta y lo pasamos fatal. Luego bien, allí no hay mucho que hacer más que estar en la playa privada, masajes, jacuzzis... eso sí, el hotel genial. Tenía un campo de golf propio y ese tipo de cosas pero solo de pensar en el viaje de vuelta en helicóptero se nos metía el susto en el cuerpo. – Mientras hablaba los trabajadores se miraban unos a otros dejando reposar sus trozos de pizza sobre la mesa. En esas semanas que el jefe estuvo fuera habían pasado muchos problemas y no hubo a quien contactar. Ahora todos se lo imaginaban untado en chocolate mientras reposaba en una camilla de masaje-
  • Nunca he subido a un helicóptero – añadió una chica que no sabía como meterse en tal conversación… bueno, de hecho nadie lo sabía.
  • No te lo recomiendo, lo pasamos fatal. Y luego el avión de vuelta a España…

Todos seguimos comiendo mientras el jefe continuaba relatando sus aventuras vacacionales en el paraíso y al terminar sacó la factura de la comida y dijo “Bueno, vamos a hacer cuentas”. Tras unos segundos tratando de dividir la cuenta dijo: “¡No se preocupen! Hoy invito yo”.

Creo que cualquier persona que lea esto podrá entender que los demás no agradecieron demasiado este hecho sino que quedaron hablando de otras cosas mientras el susodicho se alejaba en su coche de lujo seguramente orgulloso por haber charlado con “sus chicos”.

Ahora entendíamos a dónde iba ese dinero que no nos pagaba porque la cosa estaba “bastante mal”. Y aunque he metido esto en humor, creo que no hace mucha gracia… ¿verdad? Y es que cuando parece que tu jefe se ríe en tu cara la sonrisa que se te queda es de tonto.

Si no sabes comunicarte con un equipo de trabajo es mejor hacerlo únicamente cuando sea imprescindible… el resto del tiempo puede ser menos dañino morderse la lengua.

En Pymes y Autónomos | Humor
Imagen | Germán R. Udiz

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