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7 consejos prácticos para gestionar tu flujo de caja

7 consejos prácticos para gestionar tu flujo de caja
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Sage

El flujo de caja constituye uno de los indicadores más importantes de cualquier compañía, ya que sirve para conocer cuál es la capacidad de generación de efectivo en una compañía. Su correcta gestión pasa no solo por llevar bien las cuentas de tesorería, sino también por tomar las decisiones correctas en cuanto a las reservas o flujos de efectivo.

Por esta razón, la administración de la tesorería se convierte en muchas ocasiones en una tarea bastante complicada. Sin embargo, en realidad, se trata de algo que no tiene por qué ser difícil de gestionar, siempre y cuando sigamos una serie de pautas para facilitarlo. Te presentamos siete consejos prácticos para gestionar tu flujo de caja.

Llevar una previsión de tu flujo de caja

El flujo de caja de una empresa no tiene por qué ser igual todos los años, ni siquiera dentro del mismo año. Por esta razón, conviene establecer unos objetivos a corto plazo, teniendo en cuenta las variaciones estacionales que nuestro negocio puede sufrir a lo largo del año.

Para ello, podemos fijarnos en datos históricos de nuestra empresa o de empresas similares a la nuestra, aplicando factores correctivos que tengan en cuenta la situación actual. No olvides incluir los costes fijos y variables y, sobre todo, realiza previsiones realistas.

Efectúa un seguimiento de tus cobros y pagos

La mayor parte de las empresas no pagan sus facturas en efectivo, sino que aplazan su pago a 60, 90 o incluso 180 días. Este aplazamiento provoca un riesgo de impago que puede acabar teniendo incidencia sobre nuestro flujo de caja.

Por esta razón, es importante ordenar todas nuestras facturas y sus vencimientos, estableciendo claramente las condiciones de pago con los clientes y prestando especial atención a los retrasos en los pagos, ya que puede ser un clara señal de que el cliente está a punto de quebrar. Este seguimiento servirá, además, para realizar una previsión de cobros correcta.

Controla tus existencias

El coste de almacenamiento de stock puede ser, en algunas ocasiones, tan oneroso como encontrarse en riesgo de tener que pedir más. Saber en todo momento qué existencias tenemos y cuáles tenemos que pedir servirá para evitar inmovilizar el dinero en existencias innecesarias.

Para evitar estos problemas, conviene conciliar nuestros registros de existencias actuales con nuestra cuenta bancaria con cierta frecuencia, ya sea de forma semanal o mensual.

Trata bien a tus prestamistas

Ya sea porque queremos arrancar un negocio o consolidar el que ya tenemos en marcha, la financiación es un elemento imprescindible para garantizar el crecimiento de nuestra empresa. En ocasiones, además, el continuo desarrollo de la actividad exige entradas de efectivo puntuales e, incluso, nuevos plazos de pago con proveedores.

Hazle saber en todo momento de tu situación actual a tus prestamistas y proveedores, informándoles acerca de tus pagos imprevistos o cambios en las previsiones. De esta manera, confiarán más en ti y será más probable que te den un trato favorable si tu empresa necesita apoyo financiero.

Obtén crédito si es necesario

En muchas ocasiones, tratamos de evitar en la medida de lo posible contraer nueva deuda, ya que lo vemos como una manera de comprometer las finanzas de nuestras empresa. Nada más lejos de la realidad: una línea de crédito o un nuevo préstamo bancario puede acelerar nuestro crecimiento.

Además, los bancos están, en muchas ocasiones, dispuestos a prestar dinero a una empresa a corto plazo si se les facilita un borrador de un contrato de servicios o una carta de intención. En cuanto pague nuestro cliente, podremos reembolsar la deuda.

Limita los gastos en la medida de lo posible

Al igual que ocurre con las finanzas familiares, el ahorro está condicionado por los gastos. Y es que, si no podemos aumentar nuestros ingresos a corto plazo, qué mejor manera de controlar nuestro efectivo que reduciendo los gastos.

Y, para ello, existen una serie de pautas que, en caso de seguirlas, servirá para mantener nuestra cuenta de pérdidas y ganancias bajo control: controlar la frecuencia con la que pagamos a nuestros proveedores, los impuestos, los suministros, etc. Después, es importante reflexionar si podemos negociar con los proveedores unas condiciones de pago más flexibles y, sobre todo, evitar gastos innecesarios.

Anticípate a los problemas antes que sucedan

La gestión del flujo de caja puede complicarse si no tenemos en cuenta los problemas potenciales que pueden darse en el desarrollo de la actividad. En la mayoría de ocasiones, esta previsión pasa por controlar el estado financiero de nuestros clientes y proveedores, además de la situación actual del mercado.

En cualquier caso, al tratarse de un análisis tan complejo, lo ideal es consultarlo con un experto. Nuestro asesor contable, alguno de nuestros inversores o, incluso, nuestro mentor de negocios puede ayudarnos a identificar un problema potencial y darle solución antes de que ocurra.

Imagen | jarmoluk

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