Saber delegar en la empresa no es una opción, es una necesidad

Rodearse de un buen equipo es fundamental en la empresa. Pero de poco servirá si luego no confiamos en ellos. No se trata solo de dejarles realizar su trabajo, sino trasladarles ciertas responsabilidades para que lo ejecuten de la mejor manera. Porque hoy en día saber delegar en la empresa no es una opción, es una necesidad.

No hace mucho un empresario me decía: "tengo la suerte de tener un personal fantástico y no tengo la necesidad de pasar tantas horas en la empresa..." A veces el refranero popular más que una ayuda implica una forma de trabajar que siempre pone el acento en que el jefe, el responsable, tiene que estar pendiente de todo, de supervisar todo, de que nada escape a su control. Es cierto, pero esto muchas veces se ha confundido con la omnipresencia, con el "o estoy yo o esto no funciona"

El primer paso para saber delegar es confiar en las personas que nos rodean y nos ayudan en la empresa. Esto ocurre incluso en organizaciones que llevan años trabajando juntos, y sin embargo no acaban de dar el paso. No se trata de dejar de supervisar o de tomar decisiones, sino de que la ejecución de estas corresponda a otro.

Claro que esto es una cuestión que se improvise de un lado a otro. La confianza en un encargado se forja con el tiempo, pero también con una selección y políticas de retención adecuadas. De nada sirve tener las personas adecuadas en nuestra organización si luego resulta que no están contentas y buscan mejores oportunidades en otras empresas.

Pero no es un paso fácil. Después de mucho tiempo estando pendiente de todo, hay jefes que simplemente les puede la costumbre. Pasar 16 horas al día al frente de un negocio, durante seis o siete días a la semana no es fácil. Y esto supone un problema. Romper este hábito implica un esfuerzo de autodisciplina importante.

Por último es fundamental establecer los sistemas de control apropiados. No se confiará en el personal en el que se delega si no hemos comprobado previamente de forma fehaciente que la empresa sigue funcionando igual aunque nosotros no estemos siempre en primera línea. Después es ya cuestión de dar el paso atrás y supervisar, para cambiar el vivir para nuestra empresa, por vivir de nuestra empresa.

Imagen | rawpixel

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