Es importante saber hacerlo, pero también saber venderlo

En nuestro día a día nos enfrentamos a nuevos retos, problemas que requieren de soluciones ágiles, y en las que se pone a prueba nuestra valía profesional. En este contexto, son muchos los interlocutores en el proceso, y una vez cubierta la necesidad, son muchos los interesados en colgarse la medalla. Esta situación genera en muchas ocasiones que la medalla se la cuelgue el profesional que menos ha contribuido a la solución del problema, ocultando la valía profesional de los más capaces.

Como conocen, esta situación se puede evitar, primero porque es una estrategia que no se puede mantener en el tiempo, porque al recibir las medallas también hay que saber llevarlas, y por otro lado, los gestores de equipos deben conocer suficientemente a la cadena de trabajo y a los profesionales que la integran para dirimir los logros particulares de cada uno de los miembros.

Por otro lado, a la hora de rendir cuentas a nuestro responsable muchas veces caemos en la trampa de la excesiva humildad, es decir, no darle valor a las acciones que hemos tenido que emprender para sacar adelante el proyecto. Porque una cosa el permitir a otros que nos den el valor que tenemos (porque siempre está feo que nos reguemos el oído con nuestras bondades), y otra muy distinta, el negar la importancia de nuestra acciones.

En este sentido, siempre debemos buscar el correcto equilibrio entre la humildad y el saber vender lo que hacemos, porque las cosas según se vean así parecen, y aunque no lo pensemos, nuestra trayectoria y nuestra reputación se ponen a prueba con cada desafío.

En Pymes y Autónomos | Ser proactivo no es ser un trepa
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