Ser autónomo en España implica asumir riesgos que van mucho más allá de sacar adelante un negocio.
La falta de red de seguridad, la presión económica constante y un sistema de protección social menos favorable convierten cualquier contratiempo en un problema serio.
Por ello, no sorprende que muchos trabajadores por cuenta propia se vean obligados a seguir trabajando incluso cuando su salud se resiente.
Las cifras lo confirman. Mientras que el número de bajas médicas entre los asalariados no deja de crecer, entre los autónomos ocurre justo lo contrario. No es que enfermen menos, sino que el sistema actual desincentiva claramente que se cojan una baja.
La consecuencia es una realidad silenciosa: miles de profesionales continúan trabajando aun cuando deberían parar, asumiendo un esfuerzo que en otros colectivos sería impensable.
Un sistema que penaliza al que se detiene
Uno de los principales motivos por los que los autónomos evitan cogerse la baja es económico. A diferencia de los asalariados, cuando un trabajador por cuenta propia entra en situación de incapacidad temporal sigue obligado a pagar su cuota a la Seguridad Social durante los dos primeros meses. Al mismo tiempo, sus ingresos se reducen drásticamente.
Durante los tres primeros días de baja no se percibe ningún tipo de prestación. A partir del cuarto día, el autónomo comienza a cobrar el 60 % de su base reguladora y no es hasta el día 21 cuando alcanza el 75 %.
Todo ello mientras continúa afrontando gastos fijos como alquileres, suministros o préstamos vinculados a su actividad. Esta combinación explica por qué muchos deciden aguantar incluso en condiciones físicas poco favorables.
Los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones reflejan claramente esta situación. En 2025, solo 10,06 autónomos de cada mil se acogieron a una baja médica. En el mismo periodo, entre los trabajadores asalariados la cifra ascendió a 37,92 por cada mil. Es decir, casi cuatro veces más.
Una tendencia que se consolida con los años
Lejos de tratarse de un hecho puntual, la diferencia se ha ido ampliando con el tiempo. En 2023 la incidencia de bajas entre autónomos era de 10,68 por cada mil trabajadores. En 2024 descendió ligeramente hasta el 10,54 y en 2025 volvió a reducirse. Esta evolución contrasta con la de los asalariados, cuyas bajas han aumentado de forma sostenida desde 2020.
El autónomo no solo asume más riesgos económicos, sino que además carece de los mecanismos de protección que sí existen en el empleo por cuenta ajena. En la práctica, enfermar supone perder ingresos de forma inmediata, algo que muchos no pueden permitirse.
Dos realidades muy distintas ante la incapacidad temporal
El sistema de prestaciones es, sobre el papel, similar para ambos colectivos. Tanto asalariados como autónomos comienzan a cobrar a partir del cuarto día y alcanzan el 75 % de la base reguladora a partir del día 21. Sin embargo, la diferencia aparece en los complementos y en quién asume el impacto económico.
En el caso de los trabajadores por cuenta ajena, numerosos convenios colectivos incluyen complementos salariales que elevan la prestación hasta el 100 % del salario. Esto reduce el impacto de la baja y facilita que el trabajador se recupere sin presión económica. Para los autónomos, esta opción no existe.
Este desequilibrio ha llevado a las organizaciones representativas del colectivo a reclamar cambios urgentes. Una de las principales peticiones es la exención del pago de la cuota desde el primer día de baja, una medida que permitiría aliviar la carga financiera y favorecer una recuperación real.
El absentismo y la preocupación empresarial
Mientras los autónomos apenas se permiten enfermar, las empresas observan con inquietud el aumento del absentismo entre los asalariados. La patronal lleva tiempo alertando de que el crecimiento de las bajas médicas está teniendo un impacto relevante en la productividad y en los gastos empresariales.
Según datos de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, el gasto asociado a la incapacidad temporal alcanzó en 2025 los 16.010 millones de euros, un 13,5 % más que el año anterior y más del doble que hace una década. Esta evolución ha reabierto el debate sobre los complementos salariales y su efecto en la duración de las bajas.
Desde la CEOE se ha planteado la necesidad de revisar estos mecanismos, aunque cualquier modificación pasa necesariamente por la negociación colectiva. Paralelamente, ATA ha reclamado que los autónomos queden exentos de cotizar desde el primer día de baja, una medida que aliviaría una de las mayores desigualdades del sistema.
El Gobierno ha encargado a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal un análisis profundo sobre la gestión de la incapacidad temporal. El estudio evaluará tanto el marco normativo como los procesos administrativos y las causas que explican el aumento de las bajas, incluyendo factores como las listas de espera sanitarias o las condiciones laborales.
Lo que ya resulta evidente es que el sistema actual empuja a los autónomos a comportarse como auténticos “superhéroes”, trabajando incluso cuando su salud se lo impide.
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