Un buen jefe no es el que se comporta como si fuera tu amigo

Desde Diógenes, la historia se ha encargado de dejar en evidencia a los personajes más sabios que habitan en el imaginario colectivo. Por ello, no resulta llamativo que el poder no sea sinónimo de sabiduría ni de conocimientos de empresa, en nuestro contexto. Una persona puede ser un buen amigo, padre, madre, hermano y un nefasto jefe.

En este país, hablar muchos es sinónimo de tener don de palabra. Sonreír es igual a ser simpático y sociable. Montar una empresa es lo mismo que apuntarse a un curso de pintura básica por placer, ya que nos han vendido que emprender es fácil y que unos cuantos cursos, todo irá bien. Y si a esto le añadimos que eres buena persona y te llevas bien con tu plantilla, el éxito está asegurado.

Un buen clima es importante, tener unos conocimientos mínimos, más

En alguna ocasión hemos tropezado con un hombre o una mujer que nos resulta encantador. De esas personas que se preocupan por tu salud, por cómo te va la vida y quieren ser tus amigos. ¡Genial! Pero resulta que es la persona para la que vas a trabajar y, en ocasiones, sientes que te ves en la obligación de ser igual de cordial, hasta extremos que rozan lo surrealista.

Un jefe o una jefa que se comporta como si quisiera ser tu amigo a toda costa, no es un buen jefe. Sobre todo, cuando empiezas a detectar ciertas carencias a nivel profesional por su parte, y callas para no dejarlo en evidencia.

Esa 'amistad' o 'conexión', le lleva a creer que tiene contigo una confianza irreal. Y a pedir que trabajes por encima de tus posibilidades. Al fin y al cabo, es una bellísima persona que te está "dando trabajo".

Él busca un amigo y tú un contrato

Si ya es complicado sortear una relación con una persona que ataca, humilla o trata mal a un empleado, imaginemos el caso contrario. La amabilidad excesiva que no va de la mano de unas condiciones laborales mínimas.

El salario emocional del que tanto hemos hablado, sólo es viable cuando el económico te permite pagar un alquiler, las facturas y la compra. Mientras tanto, comer una pizza en la oficina, por muy cool que ésta sea no sustituye lo importante.

Ese tipo de jefe, primero se vende como una persona de mentalidad abierta. Sabe que no te va a retener en su empresa porque no te puede ofrecer nada, pero una vez vuelas, toda esa madurez que debe ir de la mano de un buen líder, se esfuma. Y viene el silencio, la nada. En este país la cordialidad debería ir de la mano de la profesionalidad.

Imagen|Pixabay

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