Reclamar tus derechos no significa ser un empleado tóxico

Muchas veces se confunde el descontento de un empleado con un trabajador tóxico. Si tenemos a alguien en nuestra empresa que no está a gusto en su puesto de trabajo, lo primero que tenemos que evaluar es los motivos que tiene para ello. En muchas ocasiones confundimos los términos, ya que reclamar tus derechos no significa ser un empleado tóxico.

Lo primero que debería ver la empresa es si el empleado tiene o no razón en sus reclamaciones. Y en caso de que tenga razón si podemos dar satisfacción a las mismas. A veces simplemente es una cuestión de voluntad, de negociación en la que se llega a una acuerdo con una charla abierta por ambas partes.

Sin embargo, si se ignoran estas reclamaciones, no se permite hablar a los empleados y transmitirlas de forma abierta o se implanta una política del miedo, donde lo más motivador que dicen es "al que no le guste ya sabe donde está la puerta", este empleado se puede convertir en tóxico, aunque quizás el problema sea que tiene un jefe tóxico. Pero lo que será seguro es un empleado desmotivado, improductivo, alguien al que no le ilusiona su trabajo y no tiene otra salida...

Las relaciones laborales son complejas. Se establece un contrato en el que cada una de las partes se comprometen con unas obligaciones. Y ambas tienen que cumplirlas. Si la empresa no lo hace, no es raro que los empleados empiecen también a buscar la forma de eludir las suyas. Y este es el camino más rápido para bajar el cierre de forma definitiva.

En todo caso, al final lo más probable es que el empleado acabe despedido, la empresa con alguna denuncia, etc. Esto puede servir de aviso para el resto de empleados, pero la verdad es que no suele tener un efecto duradero y la desmotivación no tardará en adueñarse de la empresa.

En Pymes y Autónomos | Cómo evitar asociarse con una persona tóxica

Imagen | sylvar

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