La formación continua, la eterna olvidada para la mejorja de la productividad

Uno de los problemas que sufren los trabajadores con más de 50 años que se han quedado sin empleo es la falta de formación continua en sus organizaciones. Muchos de ellos llevan mucho tiempo sin reciclarse, sin adquirir nuevas habilidades. No solo les pasa a ellos, también a los trabajadores que no consiguen consolidar un puesto dentro de una empresa. La formación continua es un problema en el mercado laboral y uno de los déficit para mejorar la productividad.

Y es algo endémico. Se presupone que el empleado que ha mejorado sus capacidades, su formación y es más competente va a pedir un aumento de salario o va a tener más oportunidades de marcharse a otra organización. Lo que les suele dar miedo a las empresas es invertir en una persona para que luego acabe en la competencia.

Porque mientras no se generalice la formación, que sean todas las empresas las que a través de una fórmula adecuada que no suponga un coste añadido apuesten de forma decidida por la formación de sus empleados, este miedo a perder la inversión siempre va a estar ahí. Por el contrario, si esta alternativa de formación continua está presente en todas las empresas, se pierde un empleado pero se puede contratar a otro bien formado.

Lo mismo ocurre con los empleados temporales, aquellos que van y vienen, que no logran consolidar su puesto de trabajo. En este caso la formación a la que tienen acceso está ofrecida por los cursos que los diferentes servicios de empleo ofrecen. Y lo cierto es que aquí también ha grandes problemas, ya que muchas veces estos cursos dejan bastante que desear.

Es necesario replantearse en qué segmentos es necesario formar a los empleados. Y aquí tienen que ir de la mano las demandas de la empresa privada, que en muchos casos no encuentra determinados perfiles con la oferta de cursos. Porque es algo que se tiene que revisar en profundidad, la calidad de los cursos y cómo se está gastando este dinero disponible.

Porque aquí tienen culpa todos, los servicios de empleo, las organizaciones empresariales, de autónomos o los propios sindicatos. A lo largo de mi vida profesional he asistido a cursos diferentes tanto de unos como de otros y lo cierto es que en todos los ámbitos he visto algunos cursos de escasa calidad, que dejaban mucho que desear y sobre todo, que no servían realmente para aumentar la empleabilidad o la productividad de los participantes.

Por último, es cierto que hay determinadas empresas que si ofrecen formación continua, pero esta se suele centrar mucho en sus propias herramientas y productos. Lo malo es que cuando el empleado pierde su puesto y vuelve a salir al mercado laboral se da cuenta que esa formación no le aporta nada en otras empresas.

Imagen | Christina Morillo en Pexels

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