Las dietas de los autónomos, bonitas sobre el papel ¿inaplicables en la práctica?

Uno de los grandes avances que vinieron de la mano de la Ley de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo fue la llegada de las dietas para los autónomos. Para poder deducirse un gasto de comida se tenían que cumplir una serie de premisas, como el pago a través de medios electrónicos, que se hicieran en establecimientos de restauración o hostelería y como, siempre, que este gasto estuviera afecto a la actividad económica. Es este último aspecto el que se está provocando que la realidad sea que las dietas de los autónomos sean bonitas sobre el papel pero ¿inaplicables en la práctica?

Y esto se debe a dos motivos fundamentales, por un lado la obligación de demostrar que el gasto está afecto a la actividad económica. Esto supone para la mayoría de los autónomos prácticamente la obligación de llevar un diario, una agenda y conservarla como documento probatorio de su día a día. ¿Quién se acuerda al cabo de cuatro años qué estaba haciendo el día que comió fuera de casa?

Si estamos en un proyecto de larga duración puede, pero muchas veces se ha ido a dar un presupuesto a un cliente que luego no nos han aceptado, se estaba en tránsito entre un cliente y otro, etc. Y muchas veces no se factura directamente por ese trabajo, sino que hay mantenimientos, facturaciones globales al cliente que hacen complicado dotar de valor probatorio a estas facturas.

A esto se suma el segundo inconveniente, una aplicación de la norma más restrictiva, puede hacer que todas las pruebas que se presenten lleguen a ser consideradas insuficientes. De este modo una norma aprobada hace apenas unos meses se presenta desde sus inicios como confusa y, en la práctica, inaplicable, razón por la cual muchos gestores están recomendando a sus clientes que no apliquen dicha deducción.

Hay que tener en cuenta que ya la ley nació con dudas, sobre todo en lo que afecta al concepto de desplazamiento o no para poder deducir la dieta. Lo que está claro es que esta medida, que era una de las pocas que beneficiaba claramente a todos los autónomos que tienen que comer o pernoctar fuera de casa por su trabajo, ahora se antoja difícil y complicada de aplicar.

Ya de por si para muchos es complicado que en un bar nos den una factura a nuestro nombre o incluso en algunos no aceptan el pago con tarjetas, lo que supone un problema porque ese día ya no se puede deducir la dieta. Y en muchos casos volver al día siguiente para recoger la factura no es una opción.

Si a esto le sumamos que en la mayoría de los establecimientos la factura te la facilitan en papel, archivo de cada una de ellas, que no sea en papel térmico, que al cabo de tres años vas a buscarla y literalmente está ilegible... Hace muy complicado todo el tema de la deducción ante una inspección fiscal. Esperemos que en breve se aclare esta circunstancia por parte de Hacienda y los requisitos sean los mínimos posibles.

Imagen | VIVIANE6276

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