¿Cómo diferenciar un activo productivo de uno improductivo?

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La actividad cotidiana de una empresa se realiza a través de los diversos activos con que la compañía cuenta. Las máquinas, los terrenos, el software e, incluso, los recursos humanos, son los activos más importantes que sirven para hacer crecer y prosperar un negocio de manera sostenible.

Entre ellos, existen activos vinculados de manera directa a la actividad de la explotación de la empresa y los que no. Por ejemplo, parece evidente que una máquina, un ordenador o un terreno son activos que sirven para generar valor añadido directamente, mientras que un coche de empresa o una casa en la playa, pese a formar parte del activo de la empresa en balance, son activos que no ayudan en el proceso de explotación. Los primeros son los activos productivos y los segundos son los activos improductivos.

A priori, la distinción resulta bastante clara y evidente. Cualquiera de nosotros podría, a simple vista, diferenciar un activo productivo de aquel que no lo es. Sin embargo, existen algunos activos cuya clasificación no resulta tan clara o evidente. Por ejemplo, no resulta claro dónde situar la tesorería de la empresa o las oficinas.

En estos casos, no todo el valor del activo puede catalogarse de productivo, ya que buena parte del mismo es productivo y otra parte improductiva. Por ejemplo, buena parte de la tesorería se utilizará para pagar impuestos y obligaciones con la administración mientras que otra parte sí se utilizará para acometer inversiones o, directamente, como remanente para futuras contingencias.

En el caso de la tesorería, si bien no existe una regla fija para clasificarlo como productivo o improductivo, si existe cierto consenso entre muchos expertos en situar un 2% de la tesorería de la empresa como operativo en función de sus ventas. Como decimos, no se trata de una regla fija y, de hecho, podríamos darle un porcentaje mayor, pero es el nivel en el que muchas empresas, en especial en Estados Unidos, se vienen moviendo en los últimos años.

En realidad, este porcentaje depende mucho de la compañía, de su grado de madurez y de la cantidad de liquidez con la que cada empresa opera en cada momento. En cualquier caso, el ratio que mide la valoración de un activo en balance en función de sus ventas constituye un buen cálculo inicial para descomponer un activo en función de su productividad o improductividad.

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Imagen | Phil Manker

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