Precios simples, compra sencilla

Los precios deberían ser claros, mostrándose de forma directa y simple para facilitar la compra, pero en ocasiones las políticas creativas convierten la experiencia del consumidor en algo tan confuso que puede resultar perjudicial para nuestros intereses.

Ayer me encontré con uno de estos ejemplos mientras estaba paseando tranquilamente con unos amigos por una gran superficie. Lo primero que me llamó la atención al entrar en el comercio en cuestión es que una de las empleadas nos preguntó: "¿Saben cómo funcionan los precios aquí?" Sinceramente pensé que se trataba de una broma y respondí señalando a la promoción más cercana: "pues... supongo que si compramos dos prendas de esta percha, nos cuesta 10 euros... como dice el cartel ¿no?". Pero se ve que no era tan sencillo.

Sacando la calculadora

Los precios de la tienda tenían un funcionamiento algo más complejo de lo que pensaba, ya que se podía coger una prenda de esa percha y unirla a la de otra aunque perteneciera a una promoción diferente. De este modo se pagarían las dos por el precio de la de más valor.

Esto no era así con todas las ofertas, de modo que tendríamos que fijarnos en las marcadas con punto rojo o preguntar, sobretodo en el caso de querer 3 productos, ya que en ese caso se tendría que pagar el valor individual de una de las prendas a no ser que esta estuviera marcada con un cartel de 3x2 con punto rojo.

Es decir, si no pertenecían a una oferta de 3x2 te cobrarían dos prendas con el precio de la más cara y además tendrías que pagar el precio individual de la otra, que podía tener un descuento independiente en la etiqueta además del de la promoción (lógico, claro). Ya del 3x2 ni pregunté ni me interesó, la verdad.

Como todos los productos tenían esta etiqueta con una oferta individual, prácticamente nos obligan a hacer cuentas para confirmar que nuestra elección es realmente ventajosa, ya que con la tercera unidad puedes pensar que o bien vale la pena comprar otra para aprovechar una promoción o que es mejor dejarla ya que el precio individual no es muy bueno y no te gusta más ropa. Y si te está resultando tedioso de leer, imagina cómo te sentaría escucharlo en la propia tienda, cuando estás distraído.

De esta manera pude ver que en la tienda habían varias personas pensativas, calculando precios y desconfiando del precio final, mientras la dependienta explicaba los precios a los nuevos consumidores y otros dejaban las prendas en las perchas tras rendirse ante la situación, marchándose sin más.

Sinceramente, dejemos los experimentos para otras cosas. El precio debería ser sencillo y transparente para que el proceso de compra sea rápido y con el menor esfuerzo intelectual posible. Si hace falta explicar los precios, algo debemos estar haciendo mal ¿o no?

El consumidor puede asumir y agradece una oferta "2x1" o promociones del estilo "2 por 10 euros" pero no les pongamos a hacer ecuaciones en la tienda, por favor. Puede parecer que pretendemos confundir al comprador para engañarle y quién sabe si algunos lo hacen realmente con ese objetivo.

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