El miedo como motivación en el trabajo, ¿zanahoria o palo para el burro?

Siempre he pensado que el miedo no es un motor o un acicate para movernos, para hacer algo, sino más bien sino para dejar de hacerlo, para paralizarnos, para inmovilizarlos. Y sin embargo son muchas las empresas, o sus cargos de responsabilidad los que utilizan en miedo como motivación en el trabajo, una estrategia que consigue el efecto contrario, desmotivar al empleado, hacerle sentir prisionero de su puesto.

Motivar no deja de ser destacar los valores positivos que la empresa ofrece a los empleados, "vender la empresa" y sus beneficios más allá del sueldo que se ingresa a fin de mes. Algo que muchas veces el propio empleado no es capaz de ver o comparar con otras ofertas de trabajo a las que podría ser candidato.

Al que no le guste ya sabe donde está la puerta

Enseñar la zanahoria para que camine, en lugar de golpearle con palos para conseguir el mismo resultado. El miedo a perder el empleo es el palo que el mal jefe da a sus empleados para conseguir sus objetivos. El jefe o responsable que no tiene otras armas, que no sabe como motivar a sus empleados, que no sabe vender las ventajas de este puesto de trabajo, es el que suele utilizar esta estrategia, que muchas veces impide a sus empleados pedir mejoras, no sólo salariales, sino de otros tipos.

De esta manera se crea un mal ambiente en la empresa, que produce el efecto contrario. Se pueden conseguir resultados a corto plazo, muy corto, pero no es sostenible a largo plazo, y sobre todo, a poco que los empleados tengan una mínima expectativa de cambio laboral, aceptarán la invitación de su responsable y saldrán por la puerta.

Ni el apalancamiento en un puesto de trabajo, ni las rotaciones continuas son buenas para una empresa. Y sin embargo, con el miedo como excusa muchas organizaciones acaban adoptando este modelo de empleados. Se apalancan los que no tienen opción de moverse, porque contentos no están y trabajan lo mínimo necesario para no perder su empleo. Las rotaciones continuas también tiene un coste importante para las empresas.

En ambos casos, el objetivo que se consigue es justo el contrario del que se pretende, la productividad es la gran perjudicada. Un trabajador descontento es un trabajador cuya productividad tiende a cero, pero quizás con un grito, una amenaza o un palo, ese día pueda hacer lo que le piden en su empresa, aunque muchas veces ni siquiera sea parte de su trabajo.

En Pymes y Autónomos | Trabajar con miedo es más peligroso de lo que nos pensamos

Imagen | Daniel Lobo

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