
Decidió instalarse definitivamente para preservar el legado de su familia y salvar del olvido un pueblo abandonado desde la década de los 60
Álvaro volvió hace seis años por motivos laborales a una de las zonas más despobladas de Asturias, al pueblo donde creció su abuela. Se quedó. No por casualidad, sino para mantener viva la memoria de su familia y evitar que un pueblo abandonado desde los años 60 termine por desaparecer del todo bajo la vegetación.
Tal y como recoge El Blog Salmón, hoy Álvaro es el último habitante permanente de un lugar que llegó a albergar entre diez y doce familias. No hay carretera: hay que dejar el coche arriba y bajar andando, como hacían él y su padre con mochilas, camping gas y víveres para pasar quince días.
Una casa con historia. La vivienda familiar, la única habitada del pueblo, conserva una tabla con el año 1794 tallado. Su padre la restauró con materiales de la comarca, contratando a trabajadores de la zona, como réplica de la casa de sus antepasados, y falleció en 2018 sin llegar a ver terminado del todo aquel empeño. Dentro se guardan un diploma de la Universidad de Oviedo de 1906 y periódicos de la II República con la noticia de la muerte de Thomas Edison, entre otros objetos que concentran varias generaciones de historia familiar.
Una escuela construida por amor. Según cuenta Álvaro en su canal de YouTube, @hilux_aventura, la antigua escuela del pueblo nació de una historia muy concreta: su bisabuelo se enamoró de la maestra y, para que no se marchara, levantó una escuela con piedra de la zona. "Aún hoy hay gente mayor que me dice que asistieron a clase aquí", cuenta.
Una tarea que excede a una persona. El propósito de Álvaro no es la nostalgia, sino mantener la pista de acceso, asegurar el agua y que quien visite el pueblo pueda disfrutarlo. La tarea es más grande de lo que un hombre solo puede sostener: las fincas ya no se trabajan y el monte avanza sobre lo que antes eran huertas y prados. "Va a venir el fuego cualquier día", advierte. No es una preocupación aislada: Greenpeace señala que el abandono de la actividad agraria y la falta de gestión del territorio incrementan la vulnerabilidad ante los incendios de alta intensidad. A eso se suma el problema de la propiedad, repartida entre herederos de tres familias distintas, algunos alejados del pueblo y sin tiempo ni medios para hacerse cargo de las construcciones.
Una fotografía de un país que se vacía. El caso de Álvaro no es una anécdota aislada. Según datos de BBVA, España cuenta con más de 8.000 municipios, y la gran mayoría de los que tienen menos de 1.000 habitantes ha seguido perdiendo población en la última década. El Banco de España sitúa a más de 3.400 municipios, en torno al 42% del total, en riesgo de desaparición. Asturias concentra buena parte de esos concejos en riesgo, especialmente en las zonas de montaña, según reconoce el propio Principado.
Existen también casos en sentido contrario, de personas que se instalan en pueblos vacíos para recuperarlos o iniciar allí una vida nueva, un fenómeno que ha recogido El Confidencial. Álvaro resume su postura con una frase corta: "El futuro es el pueblo". Mientras tanto, sigue siendo la única persona que corta el monte, limpia la pista y mantiene el agua de un lugar que, sin nadie que lo habite, tardaría poco en desaparecer bajo la maleza.
Imagen | @hilux_aventura
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