
SII o Verifactu mejoran la información en tiempo real de Hacienda, pero no alivian la carga de quien tiene que presentar declaraciones.
Los autónomos españoles pagan colectivamente entre 2.000 y 4.000 millones de euros más de lo que deberían cada año.
Mañana sábado 27 de junio se celebra el Día Internacional de las Pymes. Y llega en un momento en el que autónomos y pequeños negocios siguen lidiando con uno de sus eternos grandes quebraderos de cabeza: una fiscalidad española cada vez más compleja y una carga administrativa que consume tiempo, dinero y competitividad.
En un país donde millones de profesionales trabajan con márgenes ajustados, la burocracia no solo resta tiempo, también dinero, capacidad de inversión y opciones reales de crecer.
Sobre esa situación, alerta Álvaro Pascual López, CEO de Quantax, firma especializada en planificación fiscal para pequeños negocios: “España tiene más de 6,3 millones de autónomos y pymes, y más de 3 millones de ellos necesitan contratar a una gestoría o asesor fiscal externo solo para lidiar con la Administración Pública”. O lo que es lo mismo: cumplir con Hacienda ya es una carga en sí misma.
Un sistema fiscal construido a base de parches
El experto sostiene que el origen del problema no es coyuntural, sino estructural. “El problema estructural es que la normativa fiscal española se ha construido por capas durante décadas” y el resultado, añade, es “un sistema donde el autónomo medio presenta más de 20 declaraciones al año entre IVA trimestral, IRPF, retenciones, pagos fraccionados, declaraciones informativas...”.
No se trata de un marco especialmente duro solo para grandes empresas, sino de un entramado que también castiga a quien apenas empieza o factura poco.
Ese exceso de obligaciones tiene una consecuencia directa sobre el día a día de los negocios. Según explica, “un autónomo medio dedica entre 8 y 15 horas al mes a gestiones puramente administrativas y fiscales”, lo que equivale a “entre 96 y 180 horas al año que no está vendiendo, no está produciendo, no está contratando”.
Es tiempo que desaparece de actividades productivas y que termina absorbido por modelos, notificaciones, facturas y plazos.
El coste oculto de la burocracia para pymes y autónomos
No es solo una cuestión de agenda. Pascual habla también de un desgaste mental constante.
Define ese entorno como un “ruido fiscal permanente” que condiciona decisiones empresariales y termina influyendo en el crecimiento de los pequeños negocios. En su opinión, hay autónomos que renuncian a contratar por miedo a los costes, otros que no invierten porque desconocen qué puede deducirse y muchos que frenan su desarrollo para no complicarse aún más la vida.
A ese desgaste se suma el golpe económico. “Entre gestoría, software de facturación, tiempo perdido y errores fiscales por desconocimiento, el coste real para una micropyme está entre 2.000 y 5.000 euros anuales”, advierte.
Si se compara con un profesional que obtiene 30.000 euros brutos al año, el peso de ese cumplimiento puede comerse una parte importante de sus ingresos solo por atender obligaciones formales.
El sistema español acaba frenando el crecimiento de los pequeños negocios
Uno de los puntos más llamativos del análisis es el llamado efecto umbral. El experto asegura que “en España hay un fenómeno documentado donde los autónomos frenan deliberadamente su crecimiento para no cruzar ciertos umbrales fiscales o para no obligarse a cambiar de régimen tributario”.
Dicho de otro modo: hay negocios que prefieren no crecer para no meterse en un laberinto mayor. A eso se añade una enorme desigualdad de recursos frente a las grandes compañías.
Mientras una empresa de gran tamaño dispone de departamentos fiscales y planificación avanzada, el pequeño empresario suele limitarse a cumplir como puede. “La diferencia en la carga fiscal efectiva entre una empresa grande y un autónomo en España no refleja capacidad contributiva real, refleja acceso a conocimiento”, resume.
Digitalización sí, pero no solo para controlar
La digitalización fiscal es otro de los frentes abiertos. El directivo considera que, por ahora, el salto tecnológico ha beneficiado mucho más a la Administración que al contribuyente. “La digitalización fiscal en España ha sido, hasta ahora, casi exclusivamente una herramienta de control de la Administración, no de simplificación para el contribuyente”, afirma.
Cita iniciativas como el SII, la factura electrónica obligatoria o Verifactu como avances que mejoran la información en tiempo real de Hacienda, pero no alivian la carga de quien tiene que presentar declaraciones.
Su propuesta pasa por un sistema mucho más automatizado. “Si Hacienda va a tener todos mis datos en tiempo real, debería ser el sistema el que me diga lo que debo, lo confirme conmigo en un clic, y se cobre”, sostiene, en línea con modelos como el de Estonia.
En su opinión, la reforma de verdad exigiría prellenar modelos, reducir trámites y crear una ventanilla única digital que conecte a la Agencia Tributaria, la Seguridad Social, el Registro Mercantil y las administraciones autonómicas.
Deducciones que no se aprovechan por miedo y desconocimiento
Otro agujero del sistema está en las deducciones fiscales que muchos autónomos dejan sin aplicar. El experto lo resume en tres factores: “desconocimiento, complejidad y miedo”.
Habla de profesionales que no deducen parte del vehículo, no aplican incentivos por formación o desconocen que, en algunos casos, pueden deducir una parte de la vivienda si trabajan desde casa.
El miedo a llamar la atención de Hacienda pesa mucho. Según explica, muchos pequeños contribuyentes prefieren pagar de más antes que arriesgarse a una revisión.
El resultado, calcula, es enorme: “estimamos que los autónomos españoles pagan colectivamente entre 2.000 y 4.000 millones de euros más de lo que deberían cada año, simplemente por no aplicar deducciones a las que tienen derecho”.
En definitiva, el sistema actual no acompaña a quienes sostienen buena parte del empleo y la actividad económica. El experto lo resume en una frase: “No lo necesita. Lo exige. Y ya va tarde”.
En su opinión, una fiscalidad moderna debería apoyarse en tres pilares: simplicidad radical, proporcionalidad real y orientación al crecimiento, tres ideas que, a su juicio, siguen lejos de la realidad actual del autónomo español.
Imagen | Álvaro Pascual López
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