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Por qué las empresas deberían bonificar el gimnasio de sus empleados

Por qué las empresas deberían bonificar el gimnasio de sus empleados
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Una de las cuestiones que más ayuda a despejar la mente después de un día de trabajo es el ejercicio físico. Esto ayuda a los trabajadores a llegar más relajados a casa, más descansados. Para las empresas bonificar el gimnasio de los empleados significa mejorar su productividad.

Hablamos de gimnasio, pero podría ser cualquier otra actividad física, ya sea natación, paddle o simplemente salir a correr. Si además lo hacemos como una rutina ayudará no solo a nivel mental, sino que físicamente nos encontraremos mejor, lo que supone menos posibilidades de ponernos enfermos y tomarnos días de baja.

Por este mismo motivo, desplazarse en bicicleta al trabajo también tendría que estar bonificado. Esto es algo que ya se está experimentando en algunos países como Francia, donde a los empleados que van al trabajo en bici se paga 0,25 euros cada kilómetro recorrido, lo que para un recorrido de 5 kilómetros de media supone unos 40 euros más al mes.

Pero también se debería incentivar la construcción o remodelación de las instalaciones de las empresas para tener vestuarios o unas duchas, algo que favorecería por ejemplo que los que viven más lejos se animaran a ir en bici o que al salir del trabajo nos cambiemos y calcemos las zapatillas para salir a correr con los compañeros.

Lo cierto es que esta cultura de cuidar al empleado, con una tasa de contratos temporales como las que tenemos en España tienen poca base para crecer. Ni siquiera es una demanda que los sindicatos pongan encima de la mesa a la hora de realizar una negociación de mejoras.

Por último, la práctica deportiva supone una forma de eliminar el estrés que hemos podido acumular a lo largo del día. En ocasiones volcamos nuestro mal humor con la familia, que son los que menos culpa tienen de todo lo sucedido porque no hemos sabido descomprimir después de salir del trabajo, volver en un atasco de tráfico o dar mil vueltas para aparcar al llegar a casa.

Si a esto le sumamos una jornada extendida, con jornada partida para comer el resultado final es que el día lo pasamos en el trabajo y no tenemos tiempo para prácticamente nada. De aquí a estar quemados en el trabajo hay solo una delgada línea roja.

Imagen | Pixabay

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