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Fracasar

Hace unos días en una sesión del Programa de Continuidad, en el campus del IESE, se relaizó la presentación del libro “Aprendiendo a perder. Las dos caras de la vida” del profesor Santiago Álvarez de Mon. La reflexión que plantea el autor es realmente interesante en una sociedad, como la actual, dominidada por el espíritu competitivo.

Competir es lícito y realmente es la fuente del progreso tanto de la sociedad en general, como de la propia economía. Cuando se compite, y desdiciendo al Barón de Courbetin, lo importante no es participar, sino ganar, y es el anhelo de victoria lo que nos influye en nuestra decisión por tomar parte en una actividad.

Este principio es aplicable tanto a nivel de personal, empresarial, y como no, a nivel de país. La cuestión es, se sabe aceptar la derrota y aprender de la misma. Hay que tener presente que no siempre se puede ganar , y cuando esto sucede, hay que estar preparado para asumir las consecuencias y corregir los errores, que en muchos casos viene asociado con tener la humildad necesaria.

En este sentido, es importante observar que hay una gran propesión a eludir la responsabilidad del error porque de inmediatamente se produce un prejuicio social de asociarlo al fracaso, razón por la cual el plantemiento inherente es el de eludir la responsabilidad para evitar ese tipo de prejuicios.

Esta situación es improductiva porque evita el reflexionar sobre lo que ha podido producir el error cometido, lo que impedirá que se puedan enmendar errores. Igualmente de contraproducente es medir los errores propios con una severidad desmedida. Por eso, el error hay que plantearlo con una actitud constructiva, que permita mejorar, dentro de un proceso de aprendizaje.

Vía | IESE
Imagen | iconoclast
En Pymes y Autónomos | Fracaso

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