Me voy a Austria

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AUSTRIA

Un día una persona de esas que decide aprender a conducir con más de dieciocho años, se dirigió ilusionado a su clase práctica. Le costaba su dinero pero la profesora era paciente y estaba prosperando. El tener coche, bueno, el tener el carnet le permitiría ampliar sus horizontes en el terreno laboral ya que estaba desempleado, y esa idea le motivaba. Cuando se acercó al bólido rodeado de letras ‘ele’ por todas partes, las apartó como pudo y saludó a su maestra:

“Buenos días, Ángela” le dijo con una amplia sonrisa “Espero que hoy también me lo pongas complicado que el día del examen estaré de los nervios”. Ella le sonrió pero apenas habló durante el trayecto. Musitó un: “cuidado con ese peatón” y poco más.“¿Te cuento algo bueno?” le preguntó ella al finalizar el recorrido. “Sí, claro ¿qué pasa?“aceptó él con una media sonrisa “¡¡Me voy a Austria mañana!!”. La cara del futuro conductor de primera fue un poema. “Me alegro, me alegro…” aunque mientras le decía esas palabras su corazón se encogiera.

España se queda vacía

No se trata de desanimar a los ciudadanos es lo que una comprueba cada día. Como este caso, se dan varios. Hijos que tras estudiar la carrera se marchan de casa. Les hemos formado en ésta nuestra España y se van fuera para ejercer, porque son buenos profesionales pero aquí no hacen falta. Aquí les recortamos el sueldo o simplemente les echamos.

Se buscan 60 carpinteros y encofradores en España para ir a trabajar a Noruega. La empresa de trabajo temporal Adecco lanzaba este comunicado, similar a otros en los que demandaban 50 ingenieros para trabajar en una empresa ubicada en la República Checa, 70 fisioterapeutas o 30 enfermeras para Francia. Son anuncios que se veían en prensa hace un par de meses.

En la Unión Europea no nos quieren-se oye decir por las calles- pero no es cierto, a algunos sí, es más, nos necesitan, pero mientras juegan con nuestra prima de riesgo y seguimos generando desconfianza y más paro, la mayoría opta por coger las maletas, a los niños y mirar por última vez sus casas para emprender una nueva vida. Será duro, habrá problemas con el idioma si no dominas el inglés, pero saben que es una inversión, para ellos y para sus hijos.

El número de españoles que viven en el extranjero ha engordado un 23% desde que comenzó la crisis, de 1,4 millones en 2009 a 1,8 en enero de 2012, últimos datos disponibles en el Instituto Nacional de Estadística (INE), que elabora este censo desde hace cuatro años.

Han cambiado las tornas, ahora los inmigrantes no nos parecen una amenaza, incluso algunos se marchan esgrimiendo que para pasarlo mal aquí, prefieren estar en sus países con los suyos. ¿Qué fue de aquellos años de mirar por encima del hombro a todo aquel que no fuera español? Pues que se han marchado esos días, y ahora somos nosotros los que como en los años sesenta y setenta, cogemos la maleta y huimos con tal de tener unos ingresos a fin de mes. Unos se van solos, otros esperan a encontrar empleo y la familia se une. ¿A que resulta familiar?

Se marchan gentes que trabajaban en la construcción, universitarios, investigadores cansados de vivir a base de becas con más de treinta y cinco años, creo que se va hasta el que tiene trabajo porque lleva escuchando rumores desde hace meses, y su futuro lo ve más negro que gris. No sólo el talento se va fuera de nuestras fronteras, se marchan personas, y sus ideas y sobre todo, sus ilusiones que jamás cumplirán en su país de origen, porque señores, el que se va no vuelve. Por algo será.

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Imagen|jasmine8559

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