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Lo primero que se suele recomendar a una persona que tiene una idea para montar una empresa es que prepare un plan de negocio. Es un documento necesario para solicitar financiación, captar inversores, incluso para solicitar la capitalización de la prestación por desempleo.

Meses atrás asistía a una conferencia de un empresario de éxito. Ha creado varias empresas con magníficos resultados, contó su experiencia y dió varios consejos sobre lo que él entiende que debe hacerse a la hora de afrontar un proyecto empresarial. Una de las cosas que manifestó, con enorme rotundidad, es que el plan de negocio no sirve para nada, “el excel lo soporta todo”, dijo en esa ocasión.

En cierto modo tiene toda la razón, un plan de empresa debería de ser una hoja de ruta que nos marcara cómo vamos a desarrollar nuestro proyecto para que tenga éxito. Cuál va ser el punto de partida, los recursos que necesitamos para ello y de que manera vamos a hacer rentable nuestra idea. No deja de ser un ejercicio de adivinación porque nunca vamos a tener la certeza, a priori, de que los resultados que vamos a obtener se acerquen nuestra estimación, pero, bien hecho, son los planos sobre los que edificar la futura empresa.

Sin embargo, el tratamiento práctico que la mayoría de los emprendedores dan a este ejercicio certifica la opinión de este empresario. En muchos casos, el plan de negocio es un documento que sirve para convencer a otros de que nuestro negocio va a ser rentable, por lo que podemos manipularlo a nuestra conveniencia. La utilidad del mismo es, exclusivamente, hacer creer a los demás que la idea es buena y va a producir beneficios. Si los números no cuadran los hacemos cuadrar, tan sencillo como aumentar las ventas un tanto por ciento determinado y listo.

El problema es que emprender no consiste en engañar al banco para que te preste dinero, ese dinero antes o después hay que devolverlo. Lo que debemos de tener claro es que para emprender hay que se honestos, en primer lugar, con nosotros mismos. No sólo es poco recomendable intentar engañar a los demás para conseguir esa financiación que necesitamos, si no que es nefasto engañarnos a nosotros mismos para convencernos de que nuestra idea es buena y va a ser rentable.

Desarrollar un buen plan de negocio es necesario, sobre todo, para poder definir cuál va a ser nuestro proyecto y cómo va a ser rentable, de tal manera que los demás vean sus posibilidades. Pero hay que hacerlo con el mayor rigor posible, de manera objetiva, porque si además de engañar a los demás, lo hacemos a nosotros mismos, las posibilidades de crear nuestra empresa son muchas, pero más todavía de que fracasemos posteriormente.

Si nuestro plan de negocios es una hoja de cálculo, muy bien hecha por supuesto, con un montón de números (que son esos, pero podrían ser otros) para cubrir el expediente puede ser útil para conseguir financiación pero totalmente inútiles para la gestión posterior del negocio. Si el plan es serio, nos convence a nosotros y a los demás y luego lo ponemos en práctica, entonces sí tiene utilidad.

En Pymes y Autónomos | Plan de negocio: El sumario ejecutivo
Imagen | Cayetano

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