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Recientemente Lab Marketyou publicó una infografía que me llamó mucho la atención, al hacer un análisis acerca del reto que supone para las empresas esos nuevos profesionales que se están incorporando al mercado laboral y que quedan englobados en lo que popularmente conocemos como Generación Y, es decir, los jóvenes entre 20 y 30 años.

Esto me trajo a la cabeza esas tendencias que están surgiendo, o resurgiendo, como los happyshifters, es decir, aquellos quienes se han cuestionado lo que hacen en su trabajo, de qué forma y en qué condiciones, planteándose si realmente ese ámbito laboral le hace feliz,y si no es así, tomar las riendas de sus futuro y actuar con el propósito de lograr la felicidad; o downshifters en el que algunos yuppies de los años ochenta vieron que el éxito profesional y el dinero no lo era todo y proponían un cambio en sus valores.

Según la información de Lab Marketyou, algo similar pasa con éstos jóvenes, su perfil profesional está caracterizado en el “haber” por su capacidad para especializarse, empatizar, la capacidad para colaborar y adaptarse con facilidad a los cambios. En el “debe”, sin embargo, tienen dificultades para gestionar el estrés y una deficiente orientación al logro.

Esta baja orientación al logro hace que los componenente racional de la retribución no sea el factor primordial para ellos, y en cambio, valoren más el salario emocional, como es el disponer de un buen ambiente de trabajo y actúa como factor decisivo a la hora de evaluar la continuidad en un trabajo o plantearse la opción de realizar un cambio.

Prestar atención a los valores y actitudes de los más jóvenes es un ejercicio que todas las empresas tienen que realizar, y un buen comienzo, es empezar a percatarse que las condiciones de trabajo no son dadas, si no negociadas, y en este sentido, en la mayoría de las empresas queda bastante por hacer.

Imagen | darth87
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