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Teniendo en cuenta la situación económica actual y las cifras de desmpleo, son cada vez más los trabajadores que hartos de esperar a encontrar un nuevo trabajo se lanzan a una iniciativa emprendedora. Desde el punto de vista del corto plazo, es una solución muy positiva se mire por donde se mire. Los parados que inicien un nuevo negocio harán bajar la cifra de parados, aumentarán los cotizantes a la Seguridad Social, los nuevos negocios podrán dar mayor impulso a la economía y, con un poco de suerte, se creará empleo.

Hasta ahí todo perfecto, pero, ¿se dan las condiciones adecuadas para que la mayor parte de esos proyectos sobrevivan? ¿Tienen estos nuevos emprendedores las condiciones necesarias para pasar de empleado a empresario?

El hecho de emprender por necesidad o, poco menos que, a la desesperada. no es la solución. Por supuesto que el auto-empleo puede ser una solución para una situación laboral crítica y, desde luego, una época de crisis puede ser un momento muy oportuno para poner en marcha un proyecto empresarial serio, pero precisamente la seriedad del proyecto y la capacidad, sobre todo, psicológica del nuevo empresario son fundamentales para la supervivencia de la nueva empresa.

A todo el mundo nos atrae la idea de ser nuestro propio jefe pero no todo el mundo es capaz de asumir las implicaciones que eso tiene. La puesta en marcha de un negocio conlleva una inestabilidad inicial, riesgo cierto de fracaso, plazo medio-largo de rentabilidad, necesidad de formación y, sobre todo, vocación emprendedora.

Evidentemente, un proyecto serio, madurado, bien planeado y proyectado tiene bastantes posibilidades de éxito pero no todo es el proyecto. La figura del emprendedor es, casi tan vital como el proyecto en sí. Un buen negocio mal gestionado es un fracaso seguro, una idea magistral mal desarrollada no tiene futuro. Por eso la figura del emprendedor por necesidad es muy peligrosa, transformamemos esa figura en el emprendedor por oportunidad.

A veces una persona con conocimientos y aptitudes para los negocios necesita un empujón para tomar la decisión de poner en práctica sus proyectos. Puede que una situación de necesidad sea ese empujón que se necesita, pero llevarse de la desesperación puede abocarnos al fracaso más absoluto.

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