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¿Qué empuja a empresas como Inditex o Ikea a contratar los servicios de un ponente como Emilio Duró? Y no hablamos de empresas grandes, también es contratado por otras con menos personal, pero con la misma carencia: falta de ilusión que se traduce en mal ambiente laboral o en pérdidas económicas.

En el contexto actual no estamos para tirar cohetes, pero el optimismo práctico se debe reinvidicar cada día. Ya hablé de la creación de un hipotético Ministero de Humor, pero eso era una hipótesis, mientras que estos servicios de motivadores profesionales están cada vez más en boga. ¿Te gustaría que te llamaran “atocinado”? Emilio Duró lo hace y los trabajadores se ríen porque es verdad.

La figura del motivador

Todos tenemos un amigo o conocido que aunque tenga mil problemas no pierde la sonrisa y se considera afortunado. Esta actitud causa perplejidad pero no es tan extraño, nos encontramos ante un caso de resiliencia: actitud de algunos individuos que saben sobreponerse ante cualquier drama o problema. De hecho, salen fortalecidos ante dificultades serias.

Sería fantástico que en todas las empresas se incentivara este comportamiento, sobre todo desde la cúspide. No hablo de vendedores de humo que te piden que sonrías todo el día, a veces es necesario llorar y es igual de sano y productivo. Pero lo grave viene cuando tras un revés, en este caso hablamos de una empresa, unos a otros se contagian del virus de la apatía: no hay espacio para resiliencia ninguna.

Entonces es cuando personas como Duró son necesarias para romper ese círculo vicioso. Seguro que muchos piensan que su estilo es una copia del modelo norteamericano, que tampoco es necesario y quizás sí una excusa para que estos señores ganen un sueldo. No estoy del todo de acuerdo. Si el mal llamado capital humano, que no es otra cosa que personas que acuden a trabajar a un espacio, no se sienten válidas, temen perder su puesto de trabajo o quizás, no rinden por falta de motivación ¿por qué no acudir a los servicios de un motivador?

¿Sirve?

Reconozco haber sido un tanto escéptica la primera vez que vi a este señor pegando botes, gritos e insultando a un grupo de comerciales. Les llamaba viejos, que lo mejor de su vida ya había pasado, que debían vivir cada día como si fuera el último, hacer deporte, no abandonarse físicamente porque sus parejas saldrían corriendo tarde o temprano.

Tras la sorpresa, seguí un poco más de cerca alguna de sus charlas (siempre vía Internet) y me di cuenta de que si bien utilizaba el estilo norteamericano (hacía espectáculo) decía verdades que podían ser útiles por muy obvias que fueran. El había sufrido un infarto por culpa de un palé de yogures desnatados que le devolvieron cuando trabajaba para con una marca conocida. Aquello le hizo darse cuenta de que no merecía la pena vivir estresado y amargado.¡Y menos morir por una razón tan estúpida!

Mi duda era ¿es lo mismo motivar a un grupo de personas que atraviesan una crisis económica, que hacerlo a un grupo de privilegiados de una multinacional?

Evidentemente, no. Pero eso no significa que no sea apropiado escuchar alguna de sus ideas. No estoy de acuerdo al cien por cien en lo que dice, de hecho comete errores cuando toca temas científicos e incluso hay oradores que me resultan más didácticos como Mario Alonso Puig (si no lo conoces, deberías buscar sus intervenciones)

Pero volviendo a Duró, tiene ese halo de normalidad, de verdad, de no haberse alejado de la realidad que hace que los que le escuchan no sientan que esté diciendo cosas que todos conocemos. Personalmente, su frase “pensar que hoy es el último día de tu vida” me lo planteo desde siempre, no me ha descubierto nada nuevo, y probablemente a ti tampoco, pero no todos somos iguales. Algunas personas necesitan que les recuerden que pueden reír, incluso sonreír, que la vida no es un calvario.¡Claro que hay paro, y corrupción!

Pero está en nosotros, si somos unos privilegiados que tenemos un trabajo, el gestionar bien nuestras emociones, y aunque odiemos a nuestro jefe, lo que hacemos y hayamos pasado años en una universidad para trabajar en algo “inferior”, pensemos con claridad: ¿realmente te vas a pasar la vida amargado? ¿merece la pena? ¿de qué te sirve vivir si piensas que lo bueno viene cuando llega el viernes? Creo que son muchos días no vividos, y eso asusta.

El miedo

Duró habla sobre el miedo y su don para paralizarnos o también acomodarnos. Antes de la crisis la gente cambiaba de coche a menudo, si algo fallaba uno se decía: “total por lo que vale uno que he visto, me lo compro”,curiosamente no existía el miedo a pedir un crédito y sus consecuencias, pero sí a cambiar de empleo, no va con nuestra cultura. Ojalá todos pudiéramos desarrollar nuestra labor profesional en lo que nos gusta. Seguro que el resultado sería óptimo,para la empresa y para nosotros pero no es así.

El miedo nos detenía a la hora de buscar otro trabajo en el que quizás cobraríamos menos pero ganaríamos en calidad de vida. No. Era mejor presumir de coche y trabajar hasta quemarnos las pestañas en un lugar que no era el nuestro cuando sí había más oportunidades. Pero, ¡es tan difícil dejar la manada y el lugar de confort!

Lo curioso y admirable de estos tiempos es la cantidad de gente que se automotiva y decide emprender la aventura de ser su propio jefe. No me refiero a los que montan un negocio sin pensar. Hablo de esas gentes que valientes, decididas y sin esperar a que empresa alguna les llame, creen en ellos y en su producto. Esos son motivadores de nacimiento y creo que Emilio Duró no tendría que enseñarles ninguna lección.

Desafortunadamente, otros se hunden ante tanta negatividad a través de medios de comunicación y personas tóxicas por lo que acaban creyendo que su vida ya está escrita. Su empresa le echó y ahora se sienten huérfanos.

Hace unos días tuve la oportunidad de ver Spanci, una película que por esas cosas del marketing no se distribuyó como hubiera sido justo.

Creo que observar el pasado, escuchar alguna charla de estas personas que se dedican a despertar la apatía, sirven. A mí me sirvió ver Spanci porque en una hora y media me mostraron conceptos como: superación, lucha, optimismo, y los protagonistas no eran personajes ficticios sino reales.

Si tu empresa no te permite acudir a alguna de las ponencias de este caballero, o si vas por libre y te ocurre lo mismo: busca en youtube y si no te gusta, busca algún otro, simplemente escucha. Luego ya decides si es un charlatán como dicen sus detractores o alguien que de veras sabe transmitir optimismo. Tal vez no te sirva pero al menos te reirás, que también es imprescindible tanto en el trabajo como en nuestro día a día.

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Video| Optimismo e ilusión

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