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Ayer vi al gran Jack Lemmon en su clásico “El apartamento”.Si no conocéis la trama, cosa que dudo, os resumo: trata sobre un contable que trabaja en una gran empresa y para ascender, por un suceso accidental acaba prestando su apartamento a sus superiores para que acudan con sus amantes. Pasa frío, ha de pernoctar en la calle, su vecino piensa que es un juerguista y todos se aprovechan de su buena fe.

No es un santo, puesto que espera un beneficio a cambio, pero te solidarizas con él porque sabes que le están tomando el pelo. Trabajar gratis es otra opción más drástica, aunque la de Baxter (Lemmon) tampoco sea sencilla. En la actualidad, muchos trabajadores contemplan estupefactos ofertas de empleo donde no se cumple una máxima de lógica y decencia: cobrar por los servicios prestados.

Experiencia Vs Contrato

Según unos datos que arroja la empresa de recursos humanos Hays a través de sus encuestas a más de 6.000 profesionales y 1.000 empresas de nueve grandes sectores de la economía española, de las que el 48 % eran nacionales y el 52 % multinacionales:lo que más valora el 77 % de las empresas es la adaptación al cambio de los trabajadores, mientras que para el 75 % son los idiomas, para el 65 % la lealtad, el 53 % valora la “polivalencia”, el 46 % la capacidad de trabajo y el 23 % la motivación (frente al 63 % de 2011).

Este dato supone que no se buscan empleados que “se quieran comer el mundo” sino a “gente que no genere problemas”

Veamos, hace unos meses la formación era imprescindible y se invitaba a todos los desempleados a retomar estudios y a los más jóvenes a estudiar hasta arameo si era necesario, pero ahora resulta que lo tienen complicado para entrar en el mercado laboral, no sólo por la precariedad en cuanto a ofertas sino porque los empresarios exigen experiencia antes que preparación académica.

Cuando trabajar gratis enriquece el curriculum

¿Quién no ha escuchado esa frase alguna vez? Sobre todo en las prácticas universitarias no remuneradas donde supuestamente vas a aprender mucho, y al final existen dos opciones, que de veras aprendas y con suerte te quedes en ella (se da un caso entre cien) o bien que trabajes por amor al arte, aprendas pero a fin de mes te veas recompensado con un “nos vemos el lunes”

Que estas condiciones vergonzosas las acepte un estudiante porque no le queda otro remedio para aprobar la carrera, vamos a dejarlo como un caso perdido, pero que se dé en la vida real, me parece humillante para el trabajador y, sobre todo, un claro despropósito por parte de la empresa que aprovechando la situación económica desfavorable, es capaz de tener “contratados” a becarios que van rotando, o bien pagar sueldos miserables por una carga de trabajo elevada, pero que dada la necesidad, los trabajadores aceptan.

Luchar por un ascenso es una utopía

Retomando el inicio y a nuestro Jack Lemmon metido en la piel de un contable que trabaja más horas que un reloj, en condiciones lamentables mientras se ve sometido a chantaje por sus superiores con la promesa de un ascenso, yo me pregunto: ¿volverá alguna vez esa etapa? Esa en la que valoran tu capacidad de trabajo, esfuerzo (que tanto piden en otros niveles) Creo que no, al menos en determinados empleos.

Lo que se valora es aceptar lo que sea, no quejarse, no exigir, que tu reloj disponga de cuarenta y ocho horas y estar dispuesto a trabajar por un sueldo que no gana ni un becario en un país europeo. Me llama poderosamente la atención que la motivación esté devaluada para algunos empresarios. Es decir, prefieren contratar a una persona si no quiere trabajar gratis, claro, que llegue todas las mañanas apático pero obediente. No entiendo nada.

Si el trabajador supuestamente es el capital junto al cliente más importante de la empresa, ¿qué beneficio obtenemos de una persona que no va a dar el cien por cien? Entiendo que se prefiera la sumisión, o trato de entenderlo, pero es mucho más rentables contar con personas con ganas de trabajar,de aportar ideas y que realicen su labor diaria con entusiasmo. Definitivamente, esta etapa es un caos, nos inundan con mensajes que reivindican la cultura del esfuerzo, pero las empresas prefieren empleados que apenas se note que están.

Para concluir, a todos esos expertos que sugieren trabajar gratis para adquirir experiencia y mejorar el curriculum les invitaría a estar durante un mes haciendo lo propio sin percibir su sueldo. Si tienes veinte años y ninguna carga tal vez sea toda una experiencia vital, pero si tienes pareja e hijos, en incluso sin tenerlos, resulta un tanto surrealista. Al menos, en “El apartamento” las calamidades del protagonista tenían otro fin: mejorar, pero en esta realidad española, el trabajador cotiza a la baja y sus derechos también.

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Imagen|adriviate

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