Colaborar desde casa y no enfermar en el intento

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trabajo en casa

Alguna vez se ha tratado el tema de trabajar en casa y sus dificultades. También sus ventajas. Como fue el caso de Mr.Empresa. En mi caso soy colaboradora. Tengo que dividir mi tiempo en muchos cajones mentales donde instalar cada tarea. Estudias, crees que encontrarás un empleo en una pequeña o gran empresa, rodeada de compañeros ¡seres humanos! y de repente, un día miras a tu alrededor y te das cuenta que tu mejor amigo es un portátil que siempre quisiste tener pero que ahora es una herramienta de trabajo.

Me gusta escribir, es mi pasión y vocación desde niña. Estoy convencida de que todo el que trabaja desde casa venera su profesión, pero tras leer el blog de un informático que por 2008 decidió establecerse por su cuenta, me ha venido a la mente mi propia experiencia puesto que hoy además estoy enferma, pero no en mayúsculas. Colaborar desde casa y no enfermar en el intento es una meta porque ni es fácil ni difícil sino todo lo contrario.

El comienzo

No tenía trabajo, buscaba y buscaba y que me hicieran un contrato en esta ciudad era como pedir peras a un olmo con muy mala uva. Un imposible. Depositaba mis esfuerzos y entrega en cursos, me instalé en otra ciudad y gasté mis escasos ahorros para aprender de un excelente profesional como Campo Vidal, pero el proyecto no salió bien, al menos al cien por cien. Mi gozo en un pozo. Me quedé con el lado positivo y con todo lo aprendido que no fue poco. Así que vuelta a empezar.

Gracias a una persona cercana descubrí el mundo de la formación a distancia. ¡De acuerdo, vamos a probar!, me dije y ahí sigo pero de manera esporádica, impartiendo algunos cursos a alumnos simpáticos, inteligentes y cercanos a los que no veo, y con los que no puedo hablar cara a cara. Me gusta y es mi deber además de montar el curso, crearlo e impartirlo, estar al tanto de lo que les sucede, cómo llevan el temario y las tareas. Me hacen sentir bien, pero a veces me gustaría ver sus gestos.

Más tarde apareció la oportunidad de escribir en este blog del que aprendo a la par que trato de aportar lo que sé y voy sabiendo porque no dejo de estudiar. No vamos a hablar de dinero, pero sí de las personas que te asaltan por la calle con preguntas (que es peor)

-Nena, ¿Estás trabajando o qué?, eso te lo suele preguntar una vecina de toda la vida mientras te mira de arriba a abajo con compasión fingida y sin dejar que contestes te añade que su hijo está en Carrefour y le va muy bien; para añadir: “no te preocupes, algo te saldrá”.

El otro día confieso que contesté, casi gritando, a otra adorable vecina que me preguntaba lo mismo mientras caminaba a toda prisa, pensaba que me iba muy mal y a esa conclusión había llegado porque no me veía en el autobús, a lo que presa de un pequeño ataque de nervios, ejem, le espeté: “Doy clases por Internet, soy profesora” Se giró y sonrió, supongo que no me entendió. Dos chicas que bajaban del aula cultural municipal me miraron y una movió la cabeza: “qué paciencia” musitó mirándome.

El nudo

El chico al que hacía mención arriba hablaba sobre lo complicado que puede ser trabajar en casa si no estableces unas normas. Pero las normas y las leyes están para saltárselas ¿no?. El teléfono suena, tocan a tu puerta porque “como estás ahí”, el cartero adivina que tu timbre es sinónimo de premio ¡Eres la única que le abre!. Te impones horarios, tiempos para respetar y descansar mente y cuerpo.

Consultas el reloj, miras por la ventana, y un gorrión te observa con cara de sorpresa, y no me extraña, parece que esté enjaulada mientras él se divierte piando y arrasando con las migas de pan que encuentra, tras escudriñarme con sus diminutos ojos y preso de la compasión sale volando. Aunque si soy sincera agradezco sus visitas diarias.

Decides que ya has cumplido. Has consultado el curso que podrás impartir ese mes, ver que tus alumnos están bien, no hay dudas, echas un vistazo a tu blog, crees que necesita alguna mejora, ofreces contenido gratis, consultas un curso que imparte el maravilloso Franck Scipion, a la par que tratas de concluir otro que has adquirido a un precio reducido para mejorar en las redes sociales.

Piensas en la Universidad. En todo tu material tan ordenado. Tus apuntes “pasados a limpio”, con sus folios de colores para las asignaturas más feas, y en lo bien planificado que lo tenías todo en tu agenda, cuando te relacionabas con otros seres humanos. Donde el caos tenía forma de diversos trabajos, reuniones con equipos de gente de lo más diversa, pero te gustaba.

Eso es el pasado, ahora pasas tiempo frente al portátil, y cuando lo cierras te quedas con una sensación extraña. ¿Mi madre sabe realmente lo que hago?se lo he explicado varias veces y lógicamente lo entiende, pero creo que lo que escribimos en Internet es como si no existiera para algunas generaciones, e incluso para jóvenes que pasan de Internet, que haberlos haylos. Resulta un tanto frustrante y a la vez, divertido, lo admito.

Desenlace

Al final te impones pequeñas rutinas. Que si un poco de bici estática, que si ahora realizo unos estiramientos, que si me pongo en la posición del palo que aprendí en yoga. Paseas por la casa, realizas alguna tarea doméstica, llamas por teléfono a alguna amiga a la que no ves hace tiempo, y por último ¡vuelves a encender el portátil! Sí. Porque normalmente hay algo que se ha quedado en el tintero, o necesitas repasar lo escrito, comprobar si han contestado a un correo urgente.

Sonríes por dentro ¡antes no eras así! o deseas que sí, sólo que ahora estás en otro contexto. Que tu personalidad pueda traspasar la pantalla y llegar al otro produciendo alguna emoción, es gratificante.Colaborar en casa era un sueño, quizás lo siga siendo, pero cuando se acumulan muchas tareas, el fin de mes a nivel económico es una incertidumbre… no puedes huir como si estuvieras en una oficina, tienda o similar, todo sucede en el mismo escenario.

Quizás esa sea la peor desventaja. Aunque siempre queda abrir de par en par la ventana, aunque te hieles, y respirar profundamente. ¿He dicho que estoy mala? Pues eso.

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Imagen|eusoufamecos

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