Carrícola: un pueblo emprendedor

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Carrícola

Carrícola es un pueblo situado en la Vall d’Albaida (Valencia) cuenta entre ochenta y noventa habitantes (depende del lugar que consultes)Su economía está basada en la agricultura ecológica: gracias a ella y a una idea original donde destacan setenta y dos esculturas repartidas por el lugar, Carrícola se ha convertido en un pueblo emprendedor donde los tópicos dejan paso al emprendedurismo en este pequeño municipio que rebosa creatividad.

En 2010 tuvo inicio la idea, colocar esculturas biodegradables por todo el término que invitan a recorrer el lugar y disfrutar del patrimonio con el que cuentan. Parten con un presupuesto para 2012 que ronda los 170.000 euros. Hace dos años durante el Año Internacional de la Biodiversidad los carricolanos fueron ejemplo de fusión entre arte y naturaleza. De hecho ostentan un digno lugar en los Premios Life + “Capital de la Biodiversidad” y se adhirió al supertesting Felix Rodríguez de la Fuente con el fin de fotografiar y catalogar su flora y fauna.

Más que un acogedor pueblo

La gran mayoría de los pueblos pequeños se limitan a fomentar la tranquilidad, sus casas rurales, gastronomía y fiestas. Aquí además de todo lo mencionado tienes la oportunidad de perderte en senderos donde tropezar con un ojo humano en mitad de una montaña es natural. También es posible contemplar una hormiga gigante arrogante desde una gran piedra. Ni un rincón se salva de la presencia de estas simpáticas y originales esculturas.

He tenido la oportunidad de vistarlo durante dos días. Nunca un sitio tan pequeño en extensión ofrecía tantas alternativas de ocio sano. Llama la atención la implicación por parte de todos sus habitantes en el proyecto. Dos señoras son las responsables de una gigantesca hoja de colores realizada con sus manos. Cuentan con una fuente rodeada por sus rostros que anteriormente fueron recogidos en un molde inflando los carrillos. Todo el tiempo tienes la sensación de estar en mitad de un cuento. Gatos forjados en hierro se asoman por las fachadas,unas ranas ascienden por las paredes, etcétera.

Por estos atractivos no es de extrañar que cuando llega el fin de semana, ciclistas y motoristas hagan una parada allí y tomen un almuerzo en el único bar que existe en el pueblo o se hospeden en el Hostal Restaurante Carrícola, económico y con unos dueños que derraman simpatía. El trabajo en equipo se percibe en cada propuesta que nace de la decisión de todos los vecinos junto a la alcaldía. Todo un ejemplo de que los pequeños pueden ser muy grandes, sobre todo si permanecen unidos y trabajan en equipo.

Carrícola ha apostado fuerte por el turismo rural, porque ofrece encantos no sólo por su situación privilegiada, su patrimonio o historia, sino por el paso que han dado al trabajar con agricultura ecológica, ejemplo que encontramos todos los domingos en la plaza del pueblo de 9 a 14h en su mercado donde encontraremos productos de calidad y producción agroecológica y manufactura artesana.

La creatividad es rentable y divertida

Otro apunte que llama la atención es que en Carrícola no encontramos polígonos industriales que alteren su entorno ni macrourbanizaciones. Desde 1982 se viene practicando la agricultura ecológica, siendo pioneros en la práctica de esta agricultura a nivel nacional. En un momento dado los hijos emigraron a los pueblos vecinos en los que proliferaban los polígonos industriales y el sector textill de la comarca de la Vall d’Albaida cuando vivía su momento de bonanza.

Estos cambios llevaron a plantear ideas nuevas para dotar de vida de nuevo al pueblo. En colaboración con la Coordinadora Ecologista de la Vall d’Albaida, adquiriendo unos terrenos rústicos para la construcción de un centro de interpretación medioambiental construido con técnicas de bioconstrucción y amadrinado por Odile Rodríguez de la Fuente.

A destacar que en 2010 el PGOU no tenía como fin la creación de suelo industrial, únicamente suelo dotacional para la instalación de empresas de energía renovables, con un crecimiento poblacional concentrado en torno al casco urbano para preservar el uso agrícola del suelo.

Este lugar es todo un ejemplo de supervivencia, de unión y de creatividad ante la presente crisis. Apenas hay ruido, tropiezas con poca gente por la calle pero todos saludan con un “bon dia” que echamos tanto de menos en las ciudades. Niños y personas mayores se mezclan entre sus habitantes. Todos se volcaron en la creación de las esculturas y cuadros, artistas de la comarca y los propios vecinos. Todo un ejemplo de cómo enfrentarse a unos momentos duros utilizando la imaginación y ofreciendo alternativas originales al turismo.

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Imagen|Juana Sánchez

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