Afrontando la saturación

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Hace unos días quedé con un amigo para ver que tal le iban las cosas al regreso del lapso vacacional. Mi sorpresa fue mayúscula al enterarme que a principios de agosto le despidieron de su empresa después de más de ocho años en ella.

Aunque esta tesitura no es cómoda para nadie, por suerte para él estaba bastante satisfecho de cómo se había llevado a cabo toda la negociación del finiquito e indemnización. Además, la entidad financiera donde le ingresaban la nómina le proporcionó un seguro de nómina por el 33% de su salario bruto, por lo que entre unas cosas y otras, la experiencia no ha acabado por ser tan traumática como en otros casos. Ahora se encuentra en la situación del día después, que no es otra que plantearse qué hacer.

Por un lado, tiene el planteamiento recurrente de la mitad de la población española, que no es otra que intentar aprobar una oposición y lograr así un trabajo fijo de por vida. Es evidente que la opción de trabajar por cuenta ajena, aunque la contempla con la situación del mercado laboral es la que considera más remota. Por eso, la otra opción que se propone es emprender un negocio.

Aquí me llamó la atención que lo que se propone emprender es introducirse en mercados saturados, por lo que es más difícil aún que la empresa prospere. De entre las opciones que salieron en nuestra conversación destacaban montar un bar, o una cafetería, o una peluquería. Vaya por delante que si bien considero que son mercados muy saturados si se establecen en el lugar adecuado y se hace con creatividad y porqué no decirlo con sofisticación estos negocios pueden salir adelante y bastante éxito.

Con el tema de las cafeterías le insistí lo mucho que echo de menos el café que se toma fuera de España y de Europa, en cualquier lugar del mundo hay multitud opciones para tomar un café. En Nueva Zelanda, por ejemplo, por menos de dos euros, al cambio, ofrecen infinitos tipos como el Flag White, Capuccino, Mocha, Macchiatto, Americano, Café Latte, Ice Coffe, etc. Todos ellos combinables con canela o chocolate en polvo, o con distintos tipos de esencias, como vainilla, y por supuesto, disponibles como cafés frappés.

En España, salvo en Starbucks, donde te cuesta un ojo de la cara el café, si vas a una cafetería por dos euros sólo tienes tres opciones: solo, cortado y con leche. Eso sí puedes elegir presentación, en vaso o en taza. Lo peor es que no hay más opciones aunque no te importe pagar más.

Desde luego si hay un negocio que es extraordinariamente lucrativo es el del café y en España, a pesar de la notable “cultura cafetera” que tenemos, no hemos avanzado para nada ni en la presentación ni en la venta de este producto y realmente, cuando se está fuera se aprecia, y mucho, los matices de los distintos tipos de café, como la textura, el sabor, el aroma… estas formas que he comentado de cómo lo comercializan en Nueva Zelanda les permite mejorar sus márgenes, porque utilizan menos materias primas, café y leche, a cambio de dotar al producto de mayor valor añadido.

Desde luego, se pueden hacer las cosas a la vieja usanza y como lo hacen la inmensa mayoría de los competidores, pero si se emprende estableciendo diferencias respecto a la competencia, haciendo propuestas atractivas e innovadoras para el consumidor se tiene más opciones de triunfar. Esto pasa con los bares – restaurantes, siguen siendo una opción válida pero si se opta por abrir un lounge – bar, las opciones de éxito se incrementan exponencialmente. Esto mismo pasa con los salones de estética, que quienes están innovando con la apertura de Spa´s faciales y capilares están empezando a distinguirse y a despuntar en un mercado que está sobresaturado.

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Imagen | PoYang

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