Actitud en el trabajo: inteligencia emocional

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Lo que os voy a contar me sucedió ayer. Pude comprobar lo diferente que puede ser un trabajo, dependiendo de quien esté en ese puesto. Personalmente he trabajado en empleos que a otros hubieran hecho llorar, pero me he sentido bien porque mi mente estaba centrada en lo que hacía. No había cabida para pensamientos del tipo: “merezco algo mejor”, “no me gusta mi jefe”, etcétera. La actitud en el trabajo sabía que formaba parte de un sueldo que ellos no me darían, pero que me haría sentir un poco más feliz.

Ayer, como decía, mantuve una charla con un conductor de autobús que me dio lecciones mucho más valiosas que algunas que ofrecen los gurús de autoayuda dando conferencias a grupos de comerciales y demás. Él no me cobró nada y encima me llevó a mi punto de destino. Sé que es difícil encontrar trabajo, pero también lo es tropezar con personas con una actitud tan positiva y realista a la vez en el que tienen.

Conozco a ese conductor. Siempre está sonriendo y si no es así su cara no demuestra un desprecio por la gente que sube, por los atascos, o por cualquier razón que a una persona con ese empleo le amargaría la existencia. Sus teorías os las expongo a continuación. Teorías que le hacen comenzar cada día con ilusión a la hora de ir a trabajar. Conductor, entrenador de fútbol para niños de clase media-alta y sobre todo: un motivador nato.

Ahí van sus píldoras:

  • Cuando me levanto por la mañana pienso en la suerte que tengo: voy a trabajar.
  • Conduzco un Mercedes (los autobuses de línea son de esa marca)
  • Me prometí cuando empecé hace más de diez años que seguiría siendo el mismo. Todos los usuarios del autobús recibirían un buenos días, buenas tardes y una sonrisa. Soy así siempre he trabajado de cara al público.
  • Veo a chicas guapas que jamás subirían conmigo en mi coche
  • Conozco a personas interesantes, simpáticas, a las que luego saludo por la calle y viceversa
  • Me paseo por mi ciudad, como hoy, que hace un día bonito
  • Si alguien me tira el dinero con cara de asco y ni tan siquiera me saluda, lo ignoro
  • Cuando me insultan desde algún coche por la razón más tonta, dejo que se enfade y diga lo que quiera, le pregunto si ha terminado y me voy, porque estas personas tienen que llegar a tiempo. No me afecta.
  • Si una persona entra no devuelve el saludo, no me mira, y si lo hace es con una expresión de asco, cuando después viene apurada a preguntar por una calle y dónde ha de bajar, me hago el tonto y digo que soy nuevo, que pregunte en la próxima parada. Supongo que ahí sí me he vuelto un poco malo.

Pero a mí no me lo parece. Interrumpe su monólogo porque ha visto a una señora en una parada. Abre la puerta:

-¿Está esperando algún autobús?

-Sí-responde ella

-Por esta calle sólo pasa esta línea así que vaya a una calle más abajo, por allí sí para el diez.

-¡Gracias!-la señora se va de allí mirándolo y sonriendo.

No sé qué cobra a fin de mes, pero en mi pequeño estudio llevado a cabo a lo largo de los años tomando autobuses, creo que es el conductor más rico de esta ciudad, y todo porque además de realizar su trabajo ¡ha logrado que le guste! y os aseguro que todos los días han de tropezar con personas que se desahogan con ellos con muy malas maneras.

La actitud es más que importante, tanto si limpias calles, eres profesor, o trabajas en una tienda. Aunque en ocasiones cueste, siempre debemos intentar ser positivos. Sé que las circunstancias no son las óptimas por ello tiene más mérito si elegimos no amargarnos la existencia en el terreno laboral.

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Imagen| Juana Sánchez

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