ariasdelhoyo

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En El vestuario también importa en el trabajo

Hola Joana. Como siempre, tratas temas que invitan a la reflexión. Soy informático. Y entre los informáticos hay dos tendencias en el vestir. Están los que parece que han ido a robar ropa de un contenedor de ropa usada, de los que hay en los centros comerciales y los que van de punta en blanco como si luego, dentro de un rato, fueran a comprar Hewlett-Packard. Yo no estoy ni en uno ni en otro, hace años ya que pasé del americanismo y el corbatismo y prefiero la comodidad. Bueno, pues aparece una oferta de trabajo redactada de una manera muy aséptica, para trabajar en una empresa de tecnología, se buscaba una persona con amplios conocimientos de informática, con experiencia en ventas, y bla bla bla. Se pusieron en contacto conmigo para una entrevista y me citan en un hotel de los buenos. Tampoco es tan inhabitual. Pensé en qué ropa ponerme y por la cabeza me pasaron todas las empresas de distribución de informática o de productos electrónicos de consumo. Y siempre me imaginé gente joven (entonces, yo también era joven) vestida de manera informal. Así que decidí ir "arreglao pero informal". Bueno, pues se me olvidó una tienda. Bang & Olufsen. Efectivamente esa tienda que vende unas teles muy bonitas y carísimas y aquel reproductor de CD que se abría al acercar la mano. El individuo que me hizo la entrevista iba vestido como si a un italiano le hubieran dado medio millón de euros y le hubieran soltado en las galerías Víctor Manuel II de Milán. Y yo allí con mi pantalón desmontable, con bolsillos en los laterales, con mi camiseta con alguna referencia friki del momento, y perfumado con Don Algodón para dar un cierto toque elegante aunque no mucho. En la entrevista pude dar el do de pecho, conocía la marca, conocía sus productos, tenía años de experiencia como vendedor, pero... efectivamente, nunca trabajé en Bang & Olufsen.
  • karma: 38 | normal
  • 18 de mayo de 2016 a las 00:00
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En Cuándo es el momento para hacer una crítica constructiva en la empresa

Lo de hacer críticas constructivas en muchas ocasiones es una tarea imposible. El cáncer de la empresa que tenemos en España es que muchos mandos intermedios que llevan remachado en la frente lo del "principio de Peter" y ahí se acabó la crítica constructiva. Cualquier aportación choca frontalmente con su criterio y no sólo no lo tendrán en cuenta, sino que te empezarán a considerar alguien tóxico por andar por ahí con ideas propias. Mi mujer acaba de sufrir este caso. Durante los meses de baja por maternidad de su inmediata superior el ambiente laboral ha sido mucho más agradable y la productividad ha subido, pero subido con cifras, negro sobre blanco. La diferencia es que durante su ausencia los protocolos de trabajo se han amoldado a los criterios de los trabajadores, mientras que con la jefecilla todo tiene que hacerse según su criterio, tenga o no tenga razón. La señora ha vuelto y en dos días ya se ven los efectos perversos de la presencia de esta señora, ya es imposible salir a la hora en punto porque siempre quedan cosas por terminar. ¿Se puede hacer una crítica constructiva? No, la señora se toma cualquier opinión como una confrontación y una falta de cumplimiento de método. Te viene a decir que tú estás allí para hacer lo que han pensado otros, aunque esos otros estén a mil kilómetros y metidos en una oficina muy distinta a tu puesto de trabajo.
  • karma: 13 | normal
  • 29 de abril de 2016 a las 00:00
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En Hablar en público en una entrevista de trabajo y no morir en el intento

Hablar en público es la asignatura pendiente en nuestro país.Gran verdad. Hola Joana, ¡cuánto tiempo sin escribirte!. Lo de España y hablar en público es algo que no termino de entender. Se supone que somos un país con gente muy expansiva, abierta y festivalera. Pero resulta que sólo lo somos para decir chorradas. Resulta que cuando nos toca hablar de algo serio, somos Raj Koothrapali delante de la selección femenina de Volley Playa (Vaya ejemplo que me ha salido). Parte de la culpa ha sido, ignoro si sigue siendo, que aquí los exámenes tenían que ser escritos, para que el profesor se pudiera llevar cincuenta folios al despacho y poderlos corregir sentado. Porque oír las historietas de veinticinco elementos divagando sobre el tema que les preguntan era muy tedioso. Aquí no se ha fomentado lo de hablar en público nada de nada. Podías terminar tus estudios universitarios y no haber hablado ni una sola palabra en público. Y así nos va. Yo soy profesor, así que lo de hablar en público lo tengo más o menos superado, aunque en la vida privada soy ciertamente tímido. Pero cuando hay que hablar se habla. ¿Sabes cómo aprendí a hablar en público? Contando chistes. Yo era el que contaba chistes de clase. Ojo, no era el que a todas horas estaba con la gracieta en la boca. Lo que pasa es que yo tenía una cierta habilidad para que los chistes tuvieran más gracia. Yo era el de, "que lo cuente este, que tiene más gracia". Mis chistes eran una pequeñita obra de teatro. Con monologuito, imitaciones, mimo, plateamiento, trama climax y desenlace. Y he pasado de contar chistes a los amigos, hasta en una ocasión contar chistes ante más de trescientas personas. Esa experiencia fue la que aproveché cuando decidí dedicarme a la formación. Una clase, no deja de ser un chiste, con menos gracia. De hecho, no creo que pase un día de clase que no caiga algún chiste. Siempre chistes provocados por alguna situación de la clase, no los uso como recurso estandard, simplemente fluyen. Así que, amiguitos que leéis esto, además de lo que nos cuenta Joana, practicad contando chistes a vuestros familiares, a vuestros amigos, a vuestros compañeros de trabajo. Hay por ahí, recopilaciones de chistes de Eugenio. La pasáis a vuestro móvil y la vais escuchando por los casquitos. Aprendeos los chistes, repetidlos en el espejo. Veréis que a lo largo del día se van a dar situaciones que cuadran con alguno de esos chistes. Aprovechad y le coláis. Imitad voces, haced gestos al contar esa pequeña historia. Ojo, sin llegar a ser cansinos, desde luego, que no hay nada peor que uno que se quiere hacer el gracioso. Ahora que me acuerdo, mirad también vídeos de Leo Harlem. Un fenómeno. Observad, cómo domina el escenario con un verbo ágil y afilado. Obviamente no está improvisando, está todo preparado (además es de Valladolid, como yo).Pues eso, a contar chistes, y cuando os toque hablar en público vais a ver cómo es mucho más facilito.
  • karma: 10 | normal
  • 22 de abril de 2016 a las 00:00
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