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La 'maldad' de las herramientas de comunicación empresarial

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Con el avance de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), muchas veces nos vemos obligados a comunicarnos con colaboradores, clientes y proveedores, etcétera, a través de medios digitales, como por ejemplo el correo electrónico, que tanto dificultan, o al menos limitan, la comunicación ‘humana’ al prescindir de elementos como el lenguaje gestual, el tono de voz, las pausas, los interrogantes o las exclamaciones, entre otros. Siendo muy importante dentro de esta gesta plasmarlo todo sobre el texto del mensaje para intentar reflejar nuestro mensaje con la mayor nitidez y formalidad posibles.

Dentro de este escenario nos tenemos de preocupar de manejarlo con habilidad, no desde el punto de vista técnico, que ya funciona puesto que desde hace años es una herramienta de uso común en la amplia mayoría de las pequeñas y medianas empresas, sino la forma en la que transmitimos las órdenes, solicitamos tareas y/o compromisos, o incluso transmitimos nuestra opinión sobre un asunto concreto.

Por tanto, la ausencia de los elementos de la comunicación humana que he citado en el primer párrafo nos conducen a extremar el cuidado en lo que respecta a la interpretación de ‘segundos sentidos’ a las afirmaciones o negaciones que citamos en el mensaje, que en muchos casos se magnifican al ser la única apreciación que tiene el destinatario de nuestras palabras. Para ello, lo más recomendable es utilizar un lenguaje claro, directo y preciso, utilizando las palabras más adecuadas para el contexto del asunto, al tiempo que preservar un trato elegante y correcto. Solo de este modo podremos cubrirnos de la ‘maldad’ que presentan las herramientas de la comunicación empresarial.

En la mayoría de las empresas no se le da la importancia que se merece a la comunicación, pero está demostrado que cuando nos disponemos a aclarar un determinado asunto por correo electrónico, solicitar algo a un colaborador o subordinado, o incluso proporcionar ‘feed back’ a nuestro superior, de la forma en que nos comuniquemos dependerá directamente el resultado a obtener, por tanto, la comunicación no puede ser olvidada, ni menos considerarse como un aspecto secundario o de ‘forma’.

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