
Muchos empresarios dependen de su turismo o furgoneta para llevar a cabo su actividad (por ejemplo, repartidores o empresas de logística). Otros, utilizan su vehículo dentro del marco empresarial, aunque este no es un elemento clave para su trabajo.
Un vehículo suele considerarse como un activo de la empresa, el cual puede ser vendido para obtener liquidez. Sin embargo, en muchos casos, se convierte en todo lo contrario. Un vehículo es, más allá de su utilidad como herramienta, una fuente de gastos: seguro, impuestos de circulación, combustible, reparaciones, accidentes, etc. Asimismo, se trata de un bien que se deprecia con el tiempo. Un turismo de 12.000 € vale la mitad de su precio de compra pasados dos años. Una posible estrategia frente a este problema es recurrir al renting.
