
¡Por fin ya están aquí las vacaciones! Estamos acabando todos los pedidos, eliminando el papeleo de nuestra mesa, llamando a nuestros clientes para dejarlo todo atado, evitarnos sustos y que a la vuelta de las mismas podamos iniciar un nuevo “curso” con nuestras energías renovadas.
Pero nuestras vacaciones también exigen una atención particular. Estamos acostumbrados a lidiar con el estrés diario o eustress (estrés positivo), a hacer muchas cosas y estar pendientes de muchas más.
Para algunos este cambio brusco de actividad a vacío puede suponer un grave problema y suponer un estrés añadido. El “no tener nada que hacer” es tan malo como tener una actividad frenética. Debemos tener en cuenta que no estamos acostumbrados a tener tiempo para nosotros, nuestra familia o nuestros hobbies, y todo este tiempo libre puede abrumar a muchos.



Llego tarde, llego tarde....así arrancaba una de las más intrigantes obras de la literatura universal. Me refiero a