Este fin de semana estaba reflexionando acerca de la soledad. Y justo entonces publicó Remo el siguiente post, basándose en una canción de Anastacia. Lo cierto es que tenía dudas sobre si quizás volvía a pecar de excesivamente filosófico, pero esa entrada me acabo de decidir. Y es que creo que a todos nos convendría reflexionar, a solas y en grupo, sobre este tema, sobre la soledad del emprendedor. Ojo, que es la misma soledad que, como luego veremos puede sentir un profesional que trabaja por cuenta ajena o un funcionario, pero de algún modo se suele cebar de manera especial en el emprendedor, en el profesional liberal, en el autónomo.
¿Por qué? A mi juicio se trata, en esencia, de un problema de comunicación, de hablarlo vaya. El trabajador, el funcionario, están inmersos en una estructura, más gr5ande o más pequeña. Se sienten mucho más arropados, más protegidos. Si a eso le unimos que el emprendedor (no sólo el, pero si en mayor medida), por definición tiene que hacer que las cosas pasen, que vencer inercias, que romperse la crisma un día y otro también contra una pared de burocracia, competencia y malos datos macro que le vienen encima, es comprensible que el emprendedor se sienta solo, muy solo. Como un portero ante un penalti. ¿Qué hacer para no caer abatido?
