Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los autónomos, de cara a la jubilación, es el reducido importe de sus pensiones. Esto se debe a que la mayoría de los miembros de este colectivo cotizan por la base mínima. Esto se une al hecho de que esta base no puede modificarse una vez cumplidos los 50 años, lo que tiene como resultado unas pensiones más bien magras.
Para remediar este problema, muchos autónomos suscriben planes de pensiones. Además de ser una forma de ahorro, se trata de un instrumento financiero con un tratamiento fiscal favorable.
Sin embargo, el principal problema de los planes de pensiones es su escasa rentabilidad. Según un informe de la Cátedra PricewaterhouseCoopers del IESE, sólo 2 de los 170 planes estudiados, en el periodo 1991 – 2007, ofrecían una rentabilidad mayor a la de los bonos del estado. Esto quiere decir que, en la mayor parte de los casos, si administramos nuestros ahorros por nosotros mismos, creando nuestro propio “plan de pensiones personalizado”, podremos obtener una mayor rentabilidad de cara a nuestra jubilación. Para ello, debemos conocer los diferentes productos financieros que tenemos a nuestra disposición, así como el riesgo y la rentabilidad que nos ofrecen: