
Leía hace unos días en la revista americana Enterpreneur, un editorial que llamaba la atención a sus lectores pidiéndoles que no fueran ese tipo de jefes.
Para ello la editora daba tres ejemplos de comportamiento que debían evitarse a toda costa.
Uno de ellos era el jefe que ante una situación de estrés procedía a agredirse a sí mismo en público.
Ciertamente, no he tenido muchos jefes a lo largo de mi trayectoria, pero ninguno de ellos se ha grapado la mano ante un informe mal redactado.
