
El asesor Maus recibió una llamada urgente que no pudo ignorar: una empresa estaba a punto de cerrar, enviando a 30 personas al paro. Sin duda era un reto que no sabría si sería capaz de superar con éxito, pero se dirigió lo más rápido posible hacia las oficinas del cliente.
Respiró profundo al otro lado de la puerta y cuando lo hizo pensó que también necesitaba soltar la tensión que tenía acumulada en la espalda. Todo esto se tradujo en una pequeña sesión de yoga delante de la puerta del cliente, que adornada con un cristal semi-opaco, dejaba ver la extraña silueta del asesor dando saltos y lanzando puñetazos al aire como si fuera una especie de aprendiz de boxeador.

